lunes, 23 de marzo de 2015

La nostalgia del eclipse

El viernes, ya sabéis, hubo un eclipse. Desde hace días lo anunciaban en todas partes detalladamente... que empezaría sobre las 9:00 y que aquí, en Galicia, podría verse en todo su esplendor.
El vienes me levanté pensando en él pero luego, la verdad... se despiertan  los niños, desayunos... , la verdad, se me fue olvidando... Pero sobre las 10:00, las gaviotas que anidan en lo alto del edificio empezaron a estar inquietas. Chillaban más que de costumbre volando alrededor de los tejados y, tras las paredes, fuera, la naturaleza parecía poseída por una extraña quietud.
El ambiente comenzó a volverse penumbroso, pero era una penumbra distinta a la del amanecer o a la del anochecer. Una penumbra coloreada de un gris frágil, tembloroso; un color de los que sólo pueden hallarse en la paleta de colores de la naturaleza.
 
El tiempo me parecía detenido, sólo perceptible a través de las ventanas de mis ojos. Un momento de calma. Un momento inmóvil. Instantáneo. Como si no pasara nada, pero ahogándome en la sensación de que estaban pasando muchas cosas...
 La tierra, el sol y la luna alineándose. La magia del universo trabajando y nosotros, pequeños espectadores sentados en las butacas de la última fila de esta carpa celeste.
 
 
Cuando ocurren estas cosas, siento que soy más consciente de que ahí fuera, más allá de lo que sube un avión; más allá de las nubes y del arcos iris, y de los puntitos de luz que contamos desde nuestra ventana una noche despejada; existe algo más.
Parece que nos damos (me doy) cuenta, de lo insignificantes que somos. Sólo motitas de polvo en medio del universo. Sólo afortunados inquilinos de estas parcelas en un régimen de multipropiedad que jamás respetamos.
Parece, y sólo parece, cuando la luz empieza a escapar y el reloj y la cabeza, e incluso el corazón me dicen que es de día; que puedo apreciar con mayor intensidad que la naturaleza, el universo, ese todo cómo queramos llamarlo, tiene sus propios engranajes que se mueven con sus propios tiempos y con su propio lenguaje, todo ajeno a nosotros.
 
Según los antiguos egipcios esta oscuridad diurna ocurría porque un cerdo mitológico decidía tragarse la luna. En la cultura maya era un jaguar; en la china un dragón; y, para algunas tribus australianas, el causante es un beso entre el sol y la luna.
Yo no lo sé. Yo, lo único que sé, es que había algo diferente a mi alrededor.
 
Yo, lo único que sé, es que el tiempo parecía detenido...
Mis manos se quedaron suspendidas en el aire. Era hermoso. Casi quería aplaudir, conmovida por el espectáculo, pero no conseguí unir mis manos para concluir la palmada. Mi boca permanecía abierta; los labios separados en una mueca indefinida, y la lengua, a la intemperie, reseca y blanca.
 
Todo es demasiado grande. Inmenso. Absoluto. Lo relativo somos nosotros, las pequeñas figuritas en esta gran maqueta.
¿Qué misterio hay a mi alrededor, al nuestro?. Todo esto, toda esta maravilla que tan poco respetamos, que no respetamos nada...
¿Cómo hemos tenido la inmensa suerte de existir aquí, ahora, para poder disfrutarla; admirarla; aprenderla?. ¿Cómo es que nos dedicamos a resquebrajarla hasta hacerla añicos; a ignorarla, a humillarla...?.
¿Qué nos pasa? ¿Qué me pasa?.
Sé que más tarde iré a comprar el pan; quizás unas gominolas y gusanitos para los niños porque por la tarde vamos a ver Mary Poppins. Sé que en un ratito volveré a ser la de siempre; con el bolso que vi el otro día en Zara rondándome la cabeza; con la promesa de volver a hacer deporte guardada en las comisuras de los labios, que se curvan formando una sonrisa incrédula cuando lo recuerdo. Sé que luego el sueño, como siempre, tentará a mis párpados con cerrarse después de comer. Sé que luego todo seguirá igual. Seguirá... Pero quiero aprovechar el momento. Ese instante místico y propio respirando esto; esta magia. Esta grandeza...
¿Cómo asumir ahora los titulares de las prensa, de las noticias...; las guerras; los informes sobre el cambio climático; el hambre; el maltrato; la falta de medicinas o de agua potable...?
¿Cómo asumir que todavía es marzo y en sólo tres días ha habido dos incendios enormes por aquí cerca; que pasada la temporada de caza en las protectoras de por aquí (y de por allá, y de por todas partes) no queda sitio para un sólo peludo más...?
Sé que luego todo seguirá igual. Seguirá...
¿Qué nos pasa? ¿Qué me pasa?
 
De repente me vienen a la cabeza dos cosas: mi abuela, y un fragmento del Diario de Anna Frank.
 
A Blanca, mi abuela, la pienso porque me la imagino allí arriba; no en el cielo bíblico, ni en cualquier Paraíso alguna vez imaginado, sino convertida en energía, flotando por el espacio, rozando la luna; camuflada entre la vorágine de partículas que forman los anillos de Saturno.
 
El fragmento del Diario de Anna Frank es este:
"Yo no creo la guerra sea sólo cosa de grandes hombres, gobernantes y capitalistas. ¡Nada de eso!. Al hombre pequeño también le gusta; si no, los pueblos ya se habrían levantado contra ella. Es que hay en el hombre un afán de destruir, un afán de matar, de asesinar y ser una fiera, mientras toda la Humanidad, sin excepción, no haya sufrido una metamorfosis, la guerra seguirá haciendo estragos, y todo lo que se ha construido, cultivado y desarrollado hasta ahora quedará truncado y destruido, para luego volver a empezar".
 
El eclipse fue pasando y la luz volvió a la normalidad. Las gaviotas marcharon volando en busca de comida, y yo fui a comprar el pan... ...
 
Nos queda soñar:
Muchas veces me paro a pensar. A la vuelta de la esquina mis pasos se detienen pero mi mente vuela. Mi imaginación es una nave sin piloto; una nave que porta todos mis deseos y sueños. Y esa nave aterriza en un mundo desconocido para mí; un mundo diferente, donde la paz no es sólo teoría sino también práctica, donde la palabra guerra no está en los diccionarios; donde nunca se ha oído hablar de discriminaciones de ningún tipo; donde unos no tienen demasiado y otros nada. Sí, está bien, ya paro, pues sé que es imposible algo así, mientras los hombres se dejen manejar por sentimientos de odio, codicia o ambición; mientras los hombres  prefieran transportar armas a transportar comida para niños muertos de hambre; mientras la superficialidad y los billetes rijan nuestra sociedad; mientras la gente etiquete a la gente como si fueran latas en función del dinero que poseen o de su aspecto físico, y mientras no pensemos que el mundo es de todos, que hay que compartirlo, cuidarlo y conservarlo, seguirá habiendo guerras, destrucción, hambre y muerte; un panorama tan negro para el futuro como el que ahora vivimos.
A medida que dejo que mi imaginación recorra ese país nuevo y maravilloso, preguntas taladran incansablemente mi cerebros. Sí, preguntas, preguntas sin respuesta, sobre el presente, el futuro, y tantas otras cosas.
Y entre ellas un consuelo: Nos queda soñar.
 
Este texto lo escribí a los quince años, tras terminar de leer el Diario de Anna Frank.
 
 
Todo vuelve a la normalidad y esa percepción, esos momentos y esos pensamientos dejan sitio para mi día a día, y para Mary Poppins en la pantalla.
Tengo una sensación rara en el estómago. Ya la conozco. Es nostalgia.
Puede que, nostalgia del eclipse...
 
"Viento del Este y niebla gris, anuncian que viene lo que ha de venir. No me imagino lo qué irá a suceder, mas lo que ahora pase, ya pasó otra vez". (Bert, en Mary Poppins).
 
 
 

3 comentarios:

  1. Ahora tengo metida en la cabeza la melódica voz de Bert convertido en hombre orquesta diciendo o más bien cantando Viento del Este y niebla gris...
    Me ha encantado el texto que escribiste con 15 años y me habría gustado mucho ver el eclipse pero aquí en Asturias se nubló el día y no vimos nada, menudo chasco, menos mal que los otros que hubo sé que los vi y los tengo en vídeo,jajaja.
    Yo lo del cielo y todo eso ahora mismo intento no pensarlo mucho porque me agobia bastante y prefiero dejar que las cosas fluyan.
    Y El diario de Ana Frank me impactó cuando lo leí de pequeña y me siguió impactando de mayor.(vi la casa donde estaba por fuera en una visita a Amsterdan y me trajo muy malas vibraciones, ayyyy, cuánto miedo en unas paredes, a pesar de todo lo bueno que ella supo captar).
    Besos y menudo rollo te metí.

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  2. Para mi el Diario de Anna Frank también fue impactante. Me sorprendió a mi misma el otro día cuando ese pasaje me vino a la cabeza con el número exacto de su página. Visitar su casa debe ser muy intenso. Yo creo que las paredes, los objetos,tienen memoria.. Oye,y ningún rollo,me encantan tus comentarios. Un besito!

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  3. Para mi el Diario de Anna Frank también fue impactante. Me sorprendió a mi misma el otro día cuando ese pasaje me vino a la cabeza con el número exacto de su página. Visitar su casa debe ser muy intenso. Yo creo que las paredes, los objetos,tienen memoria.. Oye,y ningún rollo,me encantan tus comentarios. Un besito!

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