lunes, 26 de octubre de 2015

Un candado

Camino por la calle.
El aire, a mi alrededor,
está plagado de ecuaciones.
Insectos negros zumbando en mis oídos.
Alfileres en mi carne tibia.
 
Miro al suelo, escondiendo mis ojos de otros ojos.
Hay puntos suspensivos entre las personas.
Hay vacíos.
Sumas con resultado negativo.
Restas sin solución.
 
La acera es una pizarra llena de chicles sucios,
donde se quedan pegados mis pasos de caracol;
incrustadas las uñas mal cortadas de los dedos de mis pies,
tan fríos.
 
Los coches se apiñan en filas apretadas; interminables.
Hormigas bajo la lluvia camino de sus casas subterráneas.
No quiero subir a un coche.
 
Salto uno a uno los puntos suspensivos que se han formado entre nosotros,
al caer la tarde.
Las gotas abaten los cristales. Abaten mi cuerpo. Calman mi sed.
 
 
Vuelven a crecerme las extremidades y puedo moverme.
El amor borra los espacios vacíos. Ahuyenta los insectos posados en mi piel.
 
Mi corazón late vuestros nombres.
No quiero dejar este minuto agonizando solo en la fiambrera de plástico
donde he guardado las sobras del mediodía.
 
Los enfados pasan como las borrascas otoñales.
Las tristezas; las inseguridades que acuden a la fiesta de mis 37.
 
 
Tus palabras germinan en mis oídos como semillas de confianza.
Voy a ser valiente. Quiero serlo.
Aplastar a la serpiente de la duda con la suela del zapato; un chicle más;
y escuchar como crecen las raíces en mi corazón.
 
Quiero que el epílogo de esta tarde se convierta en una noche clara,
con la música colándose entre los pliegues de mi bata azul, y el momento
sentado junto a nosotros. Respirando.
 
Quiero poner un candado en este puente que nos une.
No mirar al suelo.
Quiero.
Te quiero.
 
 


martes, 13 de octubre de 2015

El fuego en la cerilla

Dejé mi corazón en un glaciar;
iceberg a la deriva
en medio del océano.
 
Dejé mi corazón en cementerio
donde hasta los peces
vienen a morir.
 
Dejé mi corazón lleno de sangre
violando la palidez
del horizonte.
 
 
Dejé mi corazón casi sin aire,
palpitando sólo el blanco
de la nieve.
 
Y me subí a lomos de la muerte
imaginando convertirme
en una estrella.
 
Pero mi corazón tenía ojos
y patas de sangre
y carne blanda.
 
Dejé mi corazón
y él siguió vivo,
persiguiéndome más alto
que la luna.
 
Dejé mi corazón y vomité
toda la basura
que guardaba.
 
 
La nieve quedó sucia
para siempre,
y yo me quedé vacía y plana.
 
Dejé mi corazón
y en el viaje,
nos encontramos frente a frente
yo y yo misma.
Quedé malherida
en el combate.
 
Y en el agujero negro de mi pecho
nació un pequeño fuego
silencioso.
 
Una cerilla en medio
de la noche;
en medio de la sangre
coagulada.
Amor.
 
 
 
 
"Inmediatamente me di cuenta llorosa de que una forma mística se movía a mi espalda y me tiraba del pelo. Y mientras yo forcejeaba una voz dijo con autoridad, ¿Adivinas quién te ha atrapado?.
-La muerte, dije yo.
Y entonces sonó la respuesta de plata:
-No. La muerte no, sino el amor" Elizabeth Barrett Browning

lunes, 5 de octubre de 2015

Tiempo de agua

 
 
 
 
 
 
El tiempo es agua...
 
 
El tiempo es agua
y yo tengo sed. Ansia.
Rasco la tierra de los días con las uñas, rebañando minutos; lamiendo el suelo
 para quedarme las migajas guardadas debajo de la lengua, como una píldora que se deshace poco a poco.
 
 
El tiempo es agua
y yo tengo sed.
El tiempo es agua
y quiero beber. Bebérmelo.
Quiero guardarlo en el hueco de mi mano;
de mi boca.
Quiero guardarlo pero se escapa entre los dedos;
entre la línea recta de mis labios.
 
Quiero subir a lo más alto;
escalar la montaña de mi respiración más entrecortada,
buscando nubes de lluvia y segundos.
Y, cuando las encuentre, me tumbaré bajo ellas, desnuda.
Esperando a sentir el agua penetrando por los poros de mi piel, abierta;
hasta sentirla fluir por mis venas mezclada con mi sangre
enfriando la intranquilidad de la vida.