martes, 9 de agosto de 2016

"Vadis"

Hoy se cumplen tres años de tu llegada a nuestras vidas. Aquel 9 de agosto a las 16:53, contra todo pronóstico, decidiste que ya era hora de conocernos.
Nos habían dicho que no ibas a decidirte. Pero es que no te conocían... Imprevisible, impredecible, atrevido; un loquito de armas tomar...
Me habían dicho que posiblemente no me iba a poner de parto y... ¡Sorpresa!. Entre sorbitos a un zumo de melocotón y mordiscos a una barrita de cereales, a eso de la 13:00 empecé a sentirme "rara".
¿Será que me estoy poniendo de parto?...
Nos fuimos al hospital y al poco rato ya me estaban preparando para esa cesárea, que sabíamos obligada.
Fue todo perfecto. Igual que tú.
Con cesárea, sí, pero te vi nacer. Te colocaron sobre mí y inmediatamente buscaste el pecho. Nos compenetramos desde el minuto uno, y desde el minuto uno fuiste un glotón.
Buff... Y de todo aquello se cumplen hoy tres años. ¡Ya se han cumplido!.
El tiempo no vuela. El tiempo es un espejismo que se desvanece entre parpadeo y parpadeo. Por eso quiero quedarme con todos los recuerdos como fotografías a todo color que mantienen vivos los presentes que ya han pasado...

En estos tres años ha habido infinitas noches de insomnio; sustos muchos, demasiados; recostados en una silla de hospital inventándonos oraciones especiales para ti.
Ha habido enfados; suspiros; dolores de cabeza y risas; también muchas, muchísimas risas. Quiero quedarme con ellas, con las risas. Con tus palabras inacabadas. Quiero quedarme con el nombre que tú mismo te pones: Vadis, cuando te preguntan cómo te llamas, y yo tengo que aclarar que te llamas David.
Quiero quedarme con que una lagartija es una tortija y los columpios para ti, y ya para nosotros, son polumquios. Con que para ti Trufo es Caela, y Caela es Trufo. Con que Blanca, al principio para ti era Anca.  Quiero imaginarte dentro de unos años diciendo "Mecachis en la mar salada".
Quiero recordar para siempre como buscas que te hagan cosquillas; como juegas con los coches o coges toda la fruta de los abuelos para formar filas y filas.
Tus travesuras servirían para llenar páginas y páginas; para varias entradas de este blog que desde hace unos meses se ha quedado desierto de mis letras, que andan dentro de mí medio revueltas, igual que tus hermanitos ya empiezan a revolverse en mi vientre como tú y Blanca lo hicisteis.

Hoy, al poco de levantarnos, te he oído en tu habitación diciendo "Adiós marsianito". He ido corriendo, pero el peluche de marciano ya volaba por los aires hacia la terraza de abajo.
Sé que los vecinos de nuestro anterior piso te recordarán siempre: aquel renacuajo que se coló por el agujero del desagüe hasta su patio arrastrando sus juguetes y, para su sorpresa, apreció jugando entre un par de ficus.
Caminas dejando por ahí tu huellita tan personal; imprevisible, impredecible, traviesa; esa única que sólo un Vadis como tú puede tener.
Caminas, este verano, con tus pies que visten las marcas de tus cangrejeras azules de George Pig.
Eres capaz de desquiciar y de encandilar en un mismo minuto, con tus bracitos alrededor del cuello elegido susurrando un "Te quiero".
En unos meses te convertirás en hermano mayor, ¿Mayor?... Hace una semana que has dejado la cuna y pronto empezarás el cole, pero para mí siempre serás ese bebé, con la pulserita blanca de hospital que ponía David, antes de que descubriéramos cómo realmente ibas a llamarte, pequeño Vadis.
Feliz cumpleaños.