lunes, 24 de agosto de 2015

La niña sirena

 
 
Es feliz en el agua
la niña sirena.
Han nacido branquias
en su piel morena.
 
Gira haciendo estrellas
entre caracolas.
Se trenza el cabello
con espuma de olas.
 
Es feliz en el agua
la niña sirena.
Habla con los peces,
le cuentan sus penas.
Ella les sonríe
y les acaricia.
El rumor del mar
parece su risa.
 
Se queda dormida
sobre un lecho de algas;
estrellas de mar
 le tejen las sábanas.
 
Sirena en mi vientre
ya lo fue mi niña.
Hacia piruetas
y allí se dormía.
 
Ya era mi niña
sirena en mi vientre;
mi pequeña vida
que en mi estará siempre.
 
Y se abrió mi cuerpo
desbordado de ella.
Y se paró el tiempo
y nació una estrella,
de resplandor blanco
y de nombre Blanca;
mi niña sirena.
La niña encantada. 

viernes, 14 de agosto de 2015

Nadie

Nadie aún no ha nacido. No existe. No vive en ninguna parte.
No tiene pensamientos ni deseos. Ni siquiera han nacido todavía, pensamientos o sentimientos hacia él.
No despierta a los vecinos su llanto inexistente. No pueblan el aire de la casa sus gorjeos. No escapa su aroma tierno por la ventana abierta.
Nadie no conoce la palabra pero habla consigo mismo, jugando con significados innombrables.
No sabe nada. No sabe qué es; quién es, pero desea respuestas para las preguntas que no puede formular. Espera pertenecer pronto a un cuerpo; un cuerpo pequeño y frágil, y abre mucho sus ojos invisibles que no sabe que tiene, para verlo todo, para vernos a todos, escuchando su propia voz callada en todas partes.

Nadie aún no ha nacido. No está. No es, y no será hasta que una voz lo nombre por primera vez. Hasta que ella lo sienta crecer. Mientras, él observa con sus ojos sin pestañas, sin pupilas, sin cuencas. Continua ignorante del futuro y de sí mismo, en su cueva de nada y de infinito llena de nadies. Protegido en su anonimato de la impercepción porque no es perceptible. Continua, desconociendo su poder para cambiar vidas; para fijar fechas de cumpleaños que aún no se cumplen y no tienen dueño; para llevar nombres nuevos de mujeres y hombres.

Nadie no sabe que puede correr mucho, aunque no tenga tronco, ni extremidades; aunque no tenga nada; no sea nada. Continua su espera, ajeno a los pozos de látex, y a los meses, a las hormonas y a los ciclos....
Hasta que un día...ella lo presiente y después de un rato de dudas camina hasta la farmacia. Y, de vuelta a casa, el bastoncillo de plástico y la orina le dicen que sí, que sí. Nadie todavía no ha nacido pero nadie existe; para ella; en ella. Nadie empieza a existir, y sus labios ya lo nombran, antes de ponerle nombre.


Nadie respira plácido y somnoliento entre las entrañas calientes de la madre que aún no ha visto. Respira y su esencia se desvanece del territorio celeste y escondido, invisible, inaudible, repleto de vidas esperando turno para vivir; lleno de nadas que son nada hasta que germinan siendo todo.

Nadie bucea entre tinieblas de atardecer, rojizas y profundas. Chupa y absorbe lo que le rodea, saciando el hambre con la vida que lo alimenta con su vida. Y a cada trago olvida; olvida más y más, hasta relegar a la nada del olvido la nada que fue un día; hasta acabar desconociendo lo que ha visto; lo que ha escuchado con los ojos y los oídos sin formarse.
Nadie es ahora algo. Algo diminuto y único. Una vida dependiente que empieza a crecer. Desvalido y fuerte, respira y existe en la sangre que lo acuna y lo adormece.
Nadie deja de ser nadie porque empiezan a imaginarse identidades futuras para él. Se planean nombres y se imaginan vidas, lejos del anonimato y de la inexistencia de los que aún no están, que aún no tienen nombre, ni tiempo, ni espacio, y pueden verlo todo, y nos ven a todos para luego ser, y olvidar, igual que todos hacemos, lo que fuimos antes de ser.


Hace un tiempo mi hija Blanca me contó la historia de qué hacen los bebés antes de ser bebés en las barrigas de sus madres...
Ella cree que siempre ha estado presente en nuestras vidas, antes de estarlo, y del bastoncillo de plástico, y de las dos rayitas rosadas. A veces, cuando recordamos algo anterior a su nacimiento, ella asiente y dice que también lo recuerda. (Incluso a veces acierta, lo cual me produce cierta inquietud). Cuando le preguntamos cómo puede recordarlo si ella todavía no había nacido, nos dice que es porque los espíritus de los bebés que no han nacido están en el cielo en una habitación enorme entre las nubes, como si fueran ángeles, pero sin alas ni nada, me dice. Me explica que cuando están allí a la espera de "nacer" y ser "alguien" no tienen cuerpo, pero pueden vernos a los que estamos aquí abajo y saben todo lo que hacemos, y pueden desear una mamá. Si tienen mucha, mucha suerte, se cumple su deseo. Muy bajito, muy bajito, con una sonrisa me dijo : "Yo te elegí a ti".
Muchas gracias Blanca, ¡Qué suerte he tenido!

domingo, 2 de agosto de 2015

Quiero...

Quiero abrir la ventana de mis ojos
y olvidarme del esfuerzo que me cuesta.
Escapando de preguntas sin respuesta,
quiero volver paso a paso persiguiéndome.
 Detenerme un momento en la carrera
sin importarme el puesto en el que llegue.
 
Quiero reír, llorar; sentirme viva,
disfrutar de un café bien calentito,
componer una sinfonía con sus risas.
Escuchar tu voz en el teléfono,
aquel día que casi no nos vemos,
imaginarme para mi cara una sonrisa.
 
Quiero volar en el sueño de tus noches.
Quiero caminar por la ciudad sin mapa y rumbo,
esquivando las luces de los coches,
abandonarme al azar por un segundo.
Bailar entre estrellas muy brillantes
 y construir entre nubes nuestro mundo.
 
Quiero inventarme la historia de mí misma
sin adelantarme para saber cómo termina.
Quiero encontrar cada día la palabra
para andar un paso más en el camino.
Quiero...
Endulzarlo todo con azúcar.
Jamás ponerme a dieta de la vida.