jueves, 31 de marzo de 2016

Mi álbum de imágenes escritas con palabras


Viaje.
Entre nubes, dibujos y realidad
nosotros seguimos.
Zapatos trazados
sobre cartulinas de colores.
Compañeros peludos
que nos lamen las manos.
Lunas y soles,
y un toque de Canela.
Princesas 
y príncipes.

Cohetes hacia las estrellas.
Corazones con huellas imborrables.
Conservamos la niñez
como  "Peter Panes" despistados
y felices,
con heridas en los labios
cuarteados por el tiempo,
llenos de tiritas 
que sellan momentos malos
y peores silencios.
Tardes con palomas
rodeados de maíces.



Caminos,
vuelos.
Curvas,
aterrizajes.

Apagamos incendios
y prendemos fuegos
con las astillas
del tiempo que pasa.
Abrimos los ojos 
para el caleidoscopio 
de imágenes y segundos de colores
que se quedan y se van
dejándonos su magia
en la retina.
Aromas inolvidables,
ciertos e inocentes.
Juegos que flotan en la tarde.
Recuerdos que se recuerdan
y se tocan.
Recordamos.

Álbum de imágenes
escritas con palabras.
Todavía y siempre.
Piedras que cuentan historias.
Pájaros que traen primavera.
Dejamos los paraguas 
y salimos al sol
crujiendo como insectos,
con las gafas de amor
que cambian el color
de las realidades grises.

Nos hundimos a veces.
Conocemos el fondo.
Tiburones y medusas,
con electricidades
que nos reviven.

Un hogar que es nosotros.
La verdad más allá
de reflejos y espejismos.
Memoria de elefante,
orejas enormes
para quedarse dentro
lo importante.
La vida corre...
Y nosotros...
¿Seguimos bailando?



viernes, 18 de marzo de 2016

14 años y una vida

 Mañana es el día del padre, imposible que pase desapercibido, ¿verdad?. Promociones y descuentos. Escaparates de perfumerías; de tiendas de ropa...
Mañana es el día del padre y nosotros no hemos ido a ninguna perfumería; a ninguna tienda de ropa...
Nosotros nos hemos quedado aquí, en casa, donde día a día nos haces el regalo de ser padre; papá.
Mañana es el día del padre y desde aquí no tengo más remedio que hablar de ti. No puedo ni quiero evitarlo porque desde hace seis años celebramos que lo eres (que somos papás). Por eso y por infinitas cosas...
Porque hace 14 años tu llegada revolvió mi mundo. Lo descolocó, lo recolocó y, por fin, lo puso en su lugar.
Me tendiste la mano para salir de aquella carretera de desencanto por donde transitaba. Poco a poco te fuiste colando en mi día a día; en mi vida. 
Intercambiamos libros y compartimos viajes de autobús. Palabras, libros, unas cañas. Películas, más libros, y más palabras. Palabras infinitas... Y cigarrillos.... bueno... eso también.
Supongo que a pesar del humo conseguimos intuirnos; adivinarnos, sabernos, y nos hicimos amigos y, a pesar del humo, allí estaba ese punto azul (que tomo prestado de la Brida de Paulo Coelho) en tu hombro.
Fue algo instintivo; difícil de explicar; de racionalizar. Fue energía. Ese algo que fluye en las venas mezclado con la sangre. Fue ver como Luna se enamoraba de ti, ¿Te acuerdas de que quería darte besos, besos y más besos?
Mis planes para vivir sola rodeada de gatos, perros y libros se ampliaron y mi corazón decidió, antes que yo misma, hacerte un huequito en mi sofá imaginario.
Por primera vez en mi vida reuní el coraje suficiente para salir del tembloroso castillo de naipes que me rodeaba.
Muchos no lo entendieron. ¿Qué había que entender?.
Crecí junto a ti. Volví a escribir. Volví a mí. A reír.
Me mostré poco a poco como era, y a través de tus ojos me vi distinta; mejor.
Hemos pasado muchas cosas.
Desconciertos...
Un 13 de marzo por la tarde nos fuimos a hacer la compra después de que la niña sirena anunciase su presencia en un test de embarazo, y la chica del supermercado creo que hoy en día todavía piensa que nos habíamos tomado algo. No articulábamos palabra... ¿Qué os pongo?... Silencio....¿Qué os pongo...?.... Pobre... Y nosotros en shock cada uno asimilando a su manera que un pequeño ser comenzaba a nadar en mi interior.
Sustos...
Llegando al hospital con el corazón encogido y nuestro pequeño escalador casi sin aire, demasiadas veces...
Hemos llorado, reído. Nos hemos enfadado. Hemos leído, visto películas; series... ahora ya sin humo de por medio. Y siempre hablando... No me canso de tus palabras.
Pasamos momentos complicados; los pasamos y los estamos pasando, y he visto cómo construías una nueva versión de ti mismo; un nuevo trabajo, un nuevo momento. He visto como tu piel tuvo que curtirse por tantos arañazos, por las caídas de aquellos que creíamos nuestros apoyos.
Te  he visto acabar carreras impensables: maratones, un medio ironman , y estoy segura de que también ganaremos esta carrera. Llegaremos juntos.
Por todo esto, ya ves que es la vida, la misma vida; la nuestra; la que construimos juntos, la que me obliga a escribir; a escribirte.
Todas estas ideas llevan tiempo golpeándome el hombro con insistencia. Escribe. Escríbenos, me decían.
Y qué mejor momento que celebrando en lo que te has convertido: papá, de esos dos trocitos tuyos y míos que andan nadando y escalando por ahí. Y, de esos dos abuelos peludos que nos acompañan casi desde el principio.
Hoy el regalo eres tú. Aunque el corazón se me sube a la garganta cuando lanzas tan alto a los niños que creo que averiguaran si hay una bandera en la luna; cuando corres con ellos por una cuesta como si no pudierais frenar; cuando les haces cosquillas hasta que están a punto de ahogarse de la risa...
Por todo esto y mucho más... Por 14 años y una vida; la nuestra.
Feliz día.
Felicidades papá.


miércoles, 9 de marzo de 2016

Carreteras



 
Amor.
Vida.
Muerte.
Semillas que florecen
en un vientre vacío.
 
Sonrisas.
Lágrimas.
Pérdidas y encuentros.
Vientos que soplan palabras
enterradas en ataúdes
bajo las raíces de los árboles.
 
Dudas asaltantes de camino.
Ladronas de tiempo,
expectantes;
ocultas.
Incrustadas como piedras 
en las sendas de mi cerebro.
Autoestopistas en carreteras secundarias,
donde mueren atropellados
 mis pensamientos.
 
Corazones detenidos
en un paso de cebra
donde se cruzan miradas
sin rozarse.
 
Semáforos en rojo.
Señales en blanco.
Arcenes ocupados
por los muertos que dejamos.
 
Sudamos alquitrán
adelantando al autobús
donde viajan amontonados
nuestros miedos.
Kilómetros.
Números.
 
Matemáticas inventadas
para calcular velocidades
que no existen.
 
Nudos grises
y tráfico.
 
Ansiedades por las vías
donde pasan los trenes
que no cogemos.
 
Vida.
Muerte.
Lágrimas.
Sonrisas.
Carreteras que siguen.
Vida.
 
 


martes, 1 de marzo de 2016

Allí en el cielo

Después de un fin de semana largo; largo porque yo lo alargué; ayer tenía previsto escribir en el blog e irme de visitas por los vuestros. Incluso, aprovechando ese tiempo que me tomé de más, hasta tenía la entrada preparada; escrita en mi libreta pequeña, con mi bolígrafo.
Ayer tenía previsto bajar la basura a la hora, antes de que volvieran a acumularse bolsas con revistas, botellas... junto a la puerta de la terraza.
Ayer tenía previsto llamar al médico para pedir cita; coser unas cosas que me están esperando para tomar forma; leer.
Ayer quería ver un poco la tele, reír; hacerles cosquillas a las niños; comer chuches y perderme en una revista hasta que el sueño me llevara con él...
Ayer quería, como siempre, un buen día. Un buen día, con lo costosos que son a veces los lunes, y no lo digo por la mala fama que tienen.
Ayer quería, no un día perfecto, sino mi día. Tranquilo (con guerras por juguetes; discusiones por quién come el pescado y el puré de calabaza; plastilina pegada en la suela de mi zapatilla; Trufo con el pelo lleno de sopa de fideos y Canela ladrando porque oye llegar al vecino de enfrente).
Pero a veces los días sufren arañazos y roturas. Empieza con una grieta sobre la superficie lisa de su porcelana, y acaba penetrando en lo más profundo de su tiempo y de su espacio.
Y eso es lo que, al fin, ocurrió ayer. Se acabó un tiempo, y un espacio. Un espacio que en nuestra casa, en nuestro hogar caótico de reciclajes previstos que no llegan a producirse y sopa mezclada con pelito de perro, tenía propietario, mejor dicho propietaria, desde hacía casi diez años.
En junio haría diez años que, estando de visita en casa de mis padres, encontramos un pajarito. No había nidos a la vista, nada. Estaba junto a una acera. Lo cogimos y mis padres lo alimentaron los primeros días. Muy pocos lo saben, o se fijaron, pero siempre tuvo una alita muy pequeña, más que la otra; un defecto de la naturaleza; un descarte, quizás. Una anomalía, al fin, que vino a parar a mi vida; a la nuestra.
En contra de la lógica, sobrevivió, y mis padres, al yo decirles que lo cuidaría, lo llevaron a mi casa.
De hecho vivió en cuatro distintas, como nosotros. Nos acompañó en nuestras mudanzas; en la búsqueda de nuestra vida.
Siempre me produjo una ternura infinita. Pronto aprendió  a conocerme, y yo a ella (resultó ser una ella).
Desde siempre tuvo una hora de dormir. Se apagaba la luz para que estuviera tranquila.
Desde siempre le encantaba que le hablaran. Se inflaba y piaba muy bajito; muy, muy bajito.
Al poco, ni siquiera se apartaba de mi mano cuando le dejaba comida, agua o alguna de sus cosas favoritas; las barritas de alpiste, o las hojas de lechuga muy mojadas.
Por las mañanas nos despertó cantando tantos días...
Le llamamos Plumi, por las plumitas pequeñas de su alita.
Mis hijos la llamaron así mil veces.
El escalador, hace poco, aprendió a escalar hasta ella,  diciendo "Mira mami, pajarita", y ella lo recibía piando.

Ayer tenía tantas cosas previstas; tanto que daba por hecho. Y, al final, no hice nada; sólo intentar reírme mucho para que los niños no notaran nada; divertirlos; despistarlos de esa palabra tan grande que es la muerte.

Mucha gente pensará que estoy loca; que es imposible tener tanto cariño, tanto amor, a un ser tan diminuto, tan "poco interactuador".
Pueden pensarlo... Pero es imposible que fuera de otra manera.
Era "alguien": odiaba las camisetas de rallas y el mandil con un gallo enorme que mis padres me trajeron de Portugal. Le encantaba el agua fresca y su columpio verde (reformado, porque cuando lo compramos venía con unos accesorios amarillos que odió desde el principio). Las caricias despacito en la barriga; escuchar la radio; el ruido de la lavadora...
No hay que poner baremos; medidas para el amor, y esta pequeña pajarita era (y siempre será) parte de nuestra familia, y creo que al final esto es lo importante. No  importan las alitas deformadas, la incapacidad para tirar la basura en un tiempo "normal", los pegotes de fideos mojados sobre el mantel...
Te queremos pequeña Plumi. Ahora estoy segura de que ya puedes volar alto, muy alto, y que estarás muy cerca de la luna que veo desde mi ventana, allí en el cielo.