jueves, 24 de diciembre de 2015

El día de la lotería

Estos están siendo unos días agridulces, con mucho "agri" al principio.
Empezamos yendo con Canela al veterinario. Nos confirmaron el mal pronóstico de uno de los bultos que tiene, y nos dijeron que había que operarla, pero que no se puede hasta que baje de peso porque está un poco más gordi de lo que debería. Yo salí del veterinario muy triste. Necesité todo el día para coger fuerzas y pensar en positivo. Luego la vi aquí en casa, dándole la lata a Trufo, persiguiendo al peque... la necesitamos, y no nos la van a quitar sin luchar. Así que Cane por ahora está siguiendo una dieta especial, y todo lo que venga después va a encontrarse con nosotros cara  a cara.
El lunes, el peque empezó a ponerse raro; una de sus crisis. Urgencias; mascarillas y miedo.
No podía pensar en volver a pasar las Navidades junto a una cuna de hospital, como hace dos años. Nos dijeron que el día siguiente sería clave para saber si tenían que ingresarlo para superarlo.
Y llegó el martes, el día de la lotería.
La semana anterior habíamos pensado en él como un día que nos íbamos a tomar libre. La niña sirena se iba a hacer un taller de navidad que le apetecía mucho, y nosotros nos imaginábamos con el peque bien abrigadito haciendo recados navideños.
Al final, con el sorteo de fondo, la realidad fue que esa mañana el peque seguía muy malito, y la niña sirena no pudo hacer su taller porque también se puso mala.
Fueron cantando los premios y yo, de cuando en cuando, echando un vistazo a los números anotados en mi libreta.
Después de comer timbraron. Un señor con cara de circunstancias me dijo que algo pasaba en una tubería de nuestro piso porque estaba cayendo agua en el portal.
Yo, muy segura de mí misma, le dije que era imposible y abrí el grifo de la cocina para mostrarle lo bien que estaba todo, mientras pensaba que no podía salir nada peor de lo que ya estaba. De repente el agua inundo la cocina en apenas un minuto. Tocó vaciar armarios, secar y fregar.
Intentamos poner la televisión para olvidarnos un poco de todo lo demás, pero también se estropeó (es en serio). A las dos horas el fontanero se marchó, y la inundación, y casi casi se marcha también la esperanza de tener un buen día.
Pero, como el día de la lotería me pareció desde pequeña que tenía algo de mágico, hice caso de un sabio consejo que me dieron. Respiré hondo; me reñí a mí misma y me hice callar. Los pensamientos negativos atraen lo negativo. Así que, a pensar en positivo y, con muchos, muchos motivos, dejé llegar la parte "dulce" del día.


A media tarde, el peque empezó a respirar mejor y bajó la fiebre. La niña sirena se animó y gastó todos los rotuladores nuevos coloreando un montón de cuentos que imaginó para llenar su día. Canela y Trufo dieron su paseo, y al final, sobre las nueve, cenamos todos juntos en el salón, olvidando todo lo demás. Los peludos en sus cestas y nosotros como zombis ya  a las diez de la noche, nos fuimos a dormir.
Fui a lavarme los dientes y vi de soslayo el décimo no premiado que quedó olvidado junto a los robots de juguete.
¿Y qué?: estamos juntos, el peque mejora, vamos  a luchar por Canela, y tengo mil cuentos para llenar mis días.
Ya me ha tocado la lotería.
(Ah, y arreglamos la tele)

 Ahora voy a tomarme unos días de descanso para reponer fuerzas, pero intentaré ponerme al día de todo lo que se me ha quedado por leer.

Muy felices fiestas a todos. Os deseo lo mejor; que se cumplan vuestros deseos y que también os toque la lotería.
¡Muchos, muchos besos!

viernes, 18 de diciembre de 2015

Princesa suburbana

 
 
 
Seguiste nuestros pasos por la acera,
cazadora en busca de cariño.
Con el pelo enredado y señalado,
eras inocente como un niño.
 
Llegaste con el hambre retrasada,
y el cariño no lo habías estrenado.
Llegaste apestando y agotada,
princesa de aquel pueblo suburbano.
 
 
 
 
El reloj de tu cabeza se ha parado.
Tú te has quedado allí, joven y dura.
Con lágrimas de miel en tu armadura
y el corazón blandito y esponjoso
latiendo en tu cuerpo maltratado.
 
Canela, niñera y besucona;
espíritu de cachorro; soñadora.
Canela, libre, familiar; exótica.
Sólo tú podrías ser Canela sin "n".
Caela.

jueves, 17 de diciembre de 2015

Una sonrisa por Navidad


Hola a todos, este año la Navidad en casa, unas fechas que nos encantan y siempre disfrutamos, nos está costando un poquito de esfuerzo. A nuestra querida princesa suburbana, nuestra perrita Canela le han encontrado unos tumores con muy mala pinta. En unos días tiene una consulta en el veterinario que nos dará más información. Incluso escribirlo me está costando...
Pero queremos, quiero, ser fuerte. Pensar que iremos afrontando las cosas según sucedan y mientras, disfrutaremos de ella, de sus ladridos a deshoras, de sus mimos, y de su mirada..., y claro, de estas fechas. Y, como hablamos de disfrutar, y ya sabéis todo lo que disfruto escribiendo y leyendo, he decidido sacar tiempo y valor (hay que tener mucho para seguir escribiendo mientras el peque me trepa por la espalda), para dedicaros estas líneas, a vosotros que me leéis y a los que leo, y a los que leeré...
Este mundo virtual, con nuestros encuentros virtuales cada vez se ha vuelto más "real" para mí. Pienso más en vosotros que en gente que conozco en persona,  y no penséis que digo esto porque mi vida social es un hábitat propicio para un oso polar... No, de verdad que no.
Aquí, frente a esta pantalla, o frente al papel que a veces la precede (es que soy muy clásica, y es que a veces tengo que escribir en situaciones de auténtica emergencia hogareña y corre menos peligro un bolígrafo que un portátil) he vuelto a ser la que era... He vuelto a recuperar las ganas de escribir y esa soy yo.
Últimamente este pequeño blog tan desastroso, ha recibido varios premios:
El Ranita lectora,

 otorgado por otra amante de los animales, Chari BR7, y por Consciencia y vida Magazine.
El Parabatis,


que me ha concedido también mi amiga Chari.
El Premio  Nen@ tú vales mucho,

de Chari, y de Joseme Españoles.
El premio Reconocimiento Ahínco,

 
de Carmen Cardeñosa.
Y, por último, pero no por ello menos importante, el Premio Excelencia Saliendo de la Matrix, 
que me ha regalado Consciencia y Vida Magazine.

En algunos debería nombrar a un número de nominados, en otros, no... da igual. Si no os importa, voy a hacerlo así, ahora, a mi manera. Sé que quiénes me los habéis dado lo habéis hecho con el corazón, y así voy a hacerlo yo también, nombrando a esas personas y a esos blogs que me acompañan, me enseñan, me hacen reír, me hacen llorar, pensar, y vivir de otra manera. Los más cercanos; a los que casi puedo tocar.
Gracias a todos.
-Chari BR7 y su blog, La voz de las Olas. Como ella dice, me descubrió hablando de mis perritos (Canela y Trufo), y qué suerte ha sido, porque he llamado a la puerta de su blog y he descubierto a otra amante de los animales, a Fibi, y un mundo maravilloso que siempre me sorprende.
-Carmen Cardeñosa y su blog Jugando y aprendiendo juntos, que nunca sabrá lo bien que me vienen sus entradas; sus juegos, sus manualidades, y lo felices que nos hace en casa.
-Carmen Pinedo y su blog Carmen Pinedo Herrero, que me ha hecho redescubrir mi amor por el arte, y a ansiar imaginar todas las palabras y las historias que crecen junto a él.
-Consciencia y Vida Magazine y su blog, Consciencia y Vida/ Magazine, que ahora me ha abierto las puertas de una comunidad en la que me siento en casa, Saliendo de la Matrix ; que me hace preguntarme e interesarme por cosas que el día a día a veces nos hacen olvidar.
-Marigem Saldelapuro,  y su blog, Pequeños trucos para sobrevivir a la crisis. Ella fue una de las primeras que descubrí. Leerla es siempre una sorpresa, y a veces una locura, cuando no soy capaz de abstraerme a su pregunta de los jueves reflexivos, y me quedo rumiándola y rumiándola... muy típico de mí.
-Flora Rodríguez y su blog, Entrealtibajos. Recuerdo cuando empezó, un poquito después de mí. Recuerdo la primera poesía que leí de ella, "Quisiera morir desnuda".
-Joseme Españoles y su blog,Viaje y Fotos. Hace poco que la conozco pero ya he viajado kilómetros y descubierto sitios. He vivido historias que me han recordado algunas tan, tan lejanas... y he tenido la suerte de recibir sus visitas en mi blog, y también sus palabras.

Mi corazón me dice que me estoy olvidando de muchos. Lo sé y lo siento. Los que ya he empezado a conocer pero ahora no me han venido a la cabeza, ni a las puntas de los dedos; los que estoy segura que conoceré. A todos. A los que leí una vez, dos, ninguna. A todos gracias.
Y a vosotros, mis nominados, muchas, muchas gracias por ayudarme a sujetar esos andamios, un poco carcomidos, que ayudan a desplegar mi sonrisa en Navidad; esta Navidad.
Muchos besos a todos.
Feliz Navidad.

 


domingo, 13 de diciembre de 2015

Pueblo de perros

Vivo en la ciudad. Es una ciudad "pequeña" (según con cuál la compares, claro), o que  suele considerarse pequeña; pero una ciudad.
Hace unos años viví en un pueblo. Allí sufrí bastante con el tema de los perros abandonados, maltratados, atados día y noche a una cadena, solos en una finca, etc.
Cuando nos mudamos a la ciudad pensé que todo eso iba a quedar más disfrazado; más lejano, al menos a mi vista, porque a mi corazón nunca; jamás. Pero aquí ya tengo claro que es imposible.
En Galicia, el comienzo y el fin de la temporada de caza marcan un pico de abandonos altísimo. Las protectoras y las perreras se saturan. Es increíble. Increíble, pero, desgraciadamente cierto.
Intento ayudar, o eso creo, y cuando me siento muy sobrepasada miro a mis peludos, y al de mis padres, todos mestizos descartados de la caza, y pienso que al menos ellos...


Pero ya son demasiados días encontrándome abandonos aquí, en una zona verde en medio de la ciudad. Ya son demasiados dando aviso a la protectora, poniendo una nota en Facebook, intentando fotografiar, coger, viendo como cruzan la calle y se pierden...
Estoy muy, muy enfadada. Estoy muy, muy triste.

Pueblo de perros muertos...
Tus calles ladran, tus calles gimen,
tus calles lloran.
Mas todos callan.
Mas nadie escucha.
 
No hay batalla. No hay lucha.
No grites.
Llora y vete.
Lágrimas, horas, días,
limpian la calle de muerte.
 
Pequeños condenados,
escuálidos y hambrientos,
que andando a cuatro patas
os cruzáis con los coches,
perdéis vuestros alientos.
Suspiran por vosotros,
caminos asfaltados.
 
Mi corazón, os lo entrego.
Casa y cementerio.
Un hogar para todos,
los vivos y los muertos.
 
Os pondré nombres
oscuros y callados,
que no conozca el hombre.
Para que no os encuentre,
para que no os masacre
su sucia indiferencia
del color de la sangre.
 
En mi vais a morar
aunque me duela el pecho,
aún en mi último lecho
sin poder respirar.
 
Os quedaréis conmigo.
Siempre estaremos juntos,
como el mejor amigo
que debisteis de ser.
 
Aunque el mundo no entienda
que yo no entiendo a un mundo
que no intenta entenderse.
Aunque el mundo no entienda
que así está para siempre
destinado a perderse.
 
Fantasmas invisibles,
ángeles en la tierra,
en mi tendréis reposo.
Nunca más nómadas;
nunca más vagabundos
en invierno lluvioso.
 
No olvido.
No olvidaré.
En mi pequeño pueblo
de tumbas en la acera,
traeré para vosotros
la primavera entera.
Siempre os recordaré. 
 
 
 
Fuera llueve y está muy oscuro. Trufo y Canela ya han dado su primer paseo y están tranquilos. Dormitan en sus cestas.
Al menos ellos...

viernes, 11 de diciembre de 2015

Libros y emociones: Las emociones de "Inside Out" traducidas a mis libros....






Hace ya unos días, una compi, +Chari BR7 , en su blog http://lavozdelasolas.blogspot.com.es, me invitó a realizar un pequeño listado, clasificando mis lecturas siguiendo las emociones protagonistas de la peli "Inside Out". Es un poco raro (mi listado, digo), pero... ahí va:


La verdad es que alegría me han traído todos los libros, desde siempre. Desde que era fan incondicional de los misterios de Trixie Belden, o recorría el mundo con los hermanos Hollister... Me han acompañado siempre. He crecido con ellos; han sido, son y serán mis grandes e imprescindibles amigos.
El primero que me viene a la cabeza es Mujercitas. Me hizo imaginar; soñar, de verdad. Sueños "de mayor". Soñaba con ser Jo, la hermana mediana, la escritora. Ayyy....
También me viene a la cabeza "Historia del Rey Transparente", de Rosa Montero. Ya de adulta, me  devolvió un poco (mucho en realidad) a esa fantasía, a ese dejar volar la imaginación. Con treinta y algo, soñé con ser Leola, cabellero andante.
En cuanto a un libro que me dio asco, coincido con Chari, "El Perfume", lo consiguió. También uno,  titulado "Hilma y su hija", "Palabras de amor" es el título de esta primera parte.  Me lo trajeron un año los Reyes (supongo que a pesar de su magia no son infalibles) Es una triología. No leí los siguientes volúmenes. Me marcó, la verdad, hasta tal punto que debe ser uno de los únicos libros que jamás pude terminar. Demasiado duro.
Pues tengo que decir el mismo con el que terminaba el párrafo anterior, "Hilma y su hija". Me enfadó lo que pasaba en el libro; la incomprensión social de los sucesos, y un largo etcétera...
Y, por supuesto, "Jane Eyre", uno de mis preferidos.
Esta casilla la dejo en blanco. Soy de las que tienen miedo del propio miedo, así que me abstengo...
Esta es sin duda mi categoría estrella... Soy así, una loca que se enfrasca ilusionada en una lectura que sabe va  a tener que acompañar de un paquete de pañuelos...
"Jane Eyre" me hizo sufrir mucho, muchísimo.
"Ana Frank", leído en plena adolescencia fue una bofetada; un puñetazo en el estómago y en mi modo de ver la historia del siglo XX.
Y, más reciente, "La elegancia del erizo", de Muriel Barbery. Buff, como lloré. Estaba embarazada de siete meses, y eso creo que no ayudó...
 
Habría muchos más... muchísimos. Pero ahí queda eso y esta "chorradilla bloguera" como le han llamado mis compis.
 
Besos a todos.
 
 
 
 

 
 











 

viernes, 27 de noviembre de 2015

Porque tanto os quiero

 
 
 
Se abrieron mis entrañas para guardaros dentro.
Fui comida y calor,
y mi voz, vuestro cuento.
 
Se abrieron mis entrañas
para daros aliento,
resguardaros de todo;
proteger vuestro sueño.
 
Se abrió mi cuerpo entero
y dejó de ser mío
para ser todo vuestro.
 
Una cueva secreta
con una llave mágica
que cerraba la puerta.
Una cueva secreta
donde acunaros meses,
y daros de comer;
y teneros calientes.
 
Y pasaron los meses
y pasaron los días,
y al sentir vuestro aliento
tranquila me dormía.
Y pasaron los días
y pasaron los meses.
Os notaba allí dentro,
poco a poco impacientes.
 
Y cuando del calendario
volaron nueve hojas,
crecieron las patadas...
Crecían las patadas...
Creció también el miedo...
Os cogería en brazos,
ya no os tendría dentro...
 
Después de muchas horas,
ya se escapaba el día,
llegó Blanca y radiante
la niña de mi vida.
Con su piel tan morena
recubierta de sangre,
y su marca en el rostro,
y su pelo tan negro.
Sus ojos como abismos
que me veían por dentro...
 
Y tras pasar tres años,
y volar ya las hojas
de otros tres calendarios..
 
Cuando en el reloj ya
casi daban las cinco
de tarde veraniega,
lloró sobre mi pecho
y yo lloré de alivio
como niña pequeña
por el pequeño mío.
El de los ojos de agua
y de cielo, y de estrellas,
que guarda en la mirada
la luna llena entera.
 
 Y el miedo sigue ahí,
y ahí seguirá siempre
porque os quiero tanto, tanto,
que siempre está presente.
Por un posible daño,
un golpe, un arañazo.
Por si os hace llorar
algún niño en el patio.
 
Y el miedo sigue ahí.
Y crecéis sin remedio,
y sin remedio él crece,
y seguirá creciendo,
porque os quiero tanto, tanto...
Porque tanto os quiero...
 
 
Esto es de esos dos pedacitos de mí que ya caminan por el mundo; que forman parte de lo que tengo y de lo que soy; tendré y seré.
 
 

 


martes, 24 de noviembre de 2015

Continuidad

 
Continuidad...
 
 
 
 
No hay barro.
No hay trozo de costilla.
No hay sobras.
Sólo tú y yo.
Sólo nosotros.
 
No hay serpientes enroscadas
en nuestros árboles.
No hay culpas sibilantes enroscadas
en nuestros corazones.
 
No hay manzanas.
No hay mordiscos.
Sólo tú y yo.
Sólo nosotros.
 
No hay nada.
Hay todo.
Hay verdad.
Pies fríos bajo las sábanas.
Pelos en el desagüe de la ducha.
 
Días que se separan y se parten,
crujientes como un trozo de turrón.
Dolores de cabeza que se ríen de nosotros
mirándonos desde una esquina del cuarto.
 
 
Estaciones salvavidas
en la deriva de una historia.
Sólo tú y yo.
Sólo nosotros.
Insomnios y sueños.
Despertares.
 
No hay oraciones.
Sólo una piel que continúa a la otra.
La saliva de un beso curando la herida
de un amor abierto; que grita.
 
Y no quiero más.
Sólo quedarme en tu tacto;
en tu nombre
colgado de mis labios
 
Voy a guardar el amor
en las palmas limpias de mis manos.
Un invernadero de flores y suspiros.
 
Voy a guardar esta continuidad
donde nos continuamos y nos confundimos;
y somos dos,
y somos uno.
 
Voy a guardarla debajo de la lengua
para masticarla,
y que sus pedacitos de sal
bajen por mi garganta
y aniden en mi vientre
como una madriguera líquida,
caliente y oscura.
 
Se me erizan las palabras cuando te pienso.
No hay milagros.
Estamos nosotros.
Continuidad.
 
 
 

jueves, 19 de noviembre de 2015

Hoy hace seis años...

Hace seis años... seis años ya...
Hace seis años, un jueves, exactamente como hoy, yo tenía una cita. Había quedado con la que iba a convertirse en una de las personas más importantes de mi vida. 
En ayunas me presenté en el hospital a las nueve de la mañana; la noche anterior comí mi último antojo: un bocadillo de queso de cabra y miel.
Me despedí de Trufo y Cane y nos fuimos al hospital.
  Y, muchas horas después, a estas horas, aún no se había presentado.
Me dio tiempo hasta a tener hambre entre contracción y contracción. A leer revistas. A pensar en regalos para Reyes... a... a muchas cosas; me dio tiempo, tiempo de sobra a no saber cómo cambiaría todo; a preguntarme si todo iría bien; a desconocer cuánto iba a quererla.
Hace seis años, un día como hoy, a las nueve de la noche, mi doctora me dijo que la cosa no iba bien. Después de casi, casi, 10 horas esperando, mi cita no se decidía a aparecer. Era terca, casi como ahora, y un pelín perezosa.
 A las once ya no se podía esperar más y me llevaron a quirófano.
Recuerdo a todos allí con las mascarillas, y a mí en la camilla mirándolos, sin todavía ser consciente realmente de lo que pasaba.
 Al final tuvieron que dormirme del todo y fui yo la que faltó a la cita.
Cuando me despertaron me sentía confusa y aturdida. Sólo recuerdo que la doctora se acercó a mí para decirme que estaba bien; que la pequeña personita que esperaba había llegado.
Después sólo recuerdo lágrimas. Llore, llore y lloré sin saber muy bien por qué lloraba. Supongo que fue una mezcla de todo; un cóctel explosivo de agotamiento, confusión y mucho miedo.
Pasado un tiempo me subieron a la habitación, ya era mañana, y la conocí.
Estaba nerviosa; muy nerviosa.
Conozco a muchas madres que aseguran sentir un amor pleno e incondicional en el momento en que ven a su bebé.
Yo, sólo recuerdo un aturdimiento mental tremendo. Mis neuronas se pusieron en huelga, o se colapsaron; o qué se yo....
Cuando la enfermera me dijo: "Ponte a darle el pecho ya", y me acercó aquel pequeño ser envuelto en una mantita, yo me quedé paralizada. En ese instante todos los consejos de las clases de preparación al parto se esfumaron, igual que se esfuman los gases y los malos olores en los anuncios. Y es que así estaba yo, metida de plena en un spot de la teletienda; un antes y después:
Antes: una chica con una barriga enooorme.
Después: una mamá con una barriga que mejor no comentamos.
Y es increíble lo rápido que se transita entre ese antes y ese después. Sí, sí, una transformación mágica.
Necesité un tiempo, y no voy a mentir diciendo que sólo fueron unas horas, para aclimatarme; para hacerme consciente; para ese piel con piel que me faltó.
Y es que aquí resultó que no era como en los anuncios; no había garantías, ni reembolsos, ni instrucciones. Resultó que en realidad no era como nadie te podía contar. Cada uno tiene que escribir su propia historia.
El primer día le cerré tan mal el pañal que la pobre dejó esa primera caca verde en todo el pijama; un pijama precioso de leoncitos.
Veía su ombligo y apartaba la vista: Uuuy, qué grima!
Tocarla casi me daba miedo, por si le hacía daño...
Estuve casi una semana en el hospital. La última noche se me cerraban los ojos y ella seguía llorando. En la tele, una de esas que comía monedas sin parar, Grissom, de C.S.I Las Vegas, estaba a punto de resolver la muerte de una aspirante a actriz encontrada en su apartamento...
De repente, paró de llorar, y yo abrí los ojos; los abrí del todo; sin sueño, sin nada. Me asusté. ¿Por qué se ha callado?.
Me acerqué a la cunita. Dormía tranquila; plácida.
Le toqué la manita, la cara. La piel era tan suave... tanto... Y en ese momento empecé a ser mamá; mientras ponían los créditos de C.S.I. y Grissom y la rubia- medio pelirroja, se reían en el laboratorio.
Ni siquiera miré la pantalla cuando se quedó negra hambrienta de monedas.
Era tan bonita, y era mía. Mi bebé. Morena, tan morena; con esos ojos insondables que parecía, que parece, que se cuelan en mi interior; que saben lo que pienso. Tan bonita, con su marquita en la cara, por la que todo el mundo le pregunta aún hoy en día, porque ignoran la historia de los besos escondidos (esa que Peter y Wendy sí que conocen) que las mamás sabemos localizar tan bien. Tan especial...
Ahora seis años después, el amor ha crecido y crece cada día; no hay fin. No hay límites. Ahora, mi niña sirena de los veranos infinitos; mi pequeña que todavía se guarda en mi colo; que un día dijo que Trufo tenía la nariz de chocolate; que quiere ser una princesa- científica- antropóloga- pintora... y un largo etcétera. Ahora...


¡FELIZ CUMPLEAÑOS!
 
 
Porque tanto os quiero.... (Fragmentos)
 
 
...
Después de muchas horas,
ya se escapaba el día,
llegó Blanca y radiante
la niña de mi vida.
Con su piel tan morena
recubierta de sangre,
y su marca en el rostro,
y su pelo tan negro.
Sus ojos, como abismos,
que me veían por dentro.
 
 
 
La niña sirena (Fragmento)
...
Sirena en mi vientre
ya lo fue mi niña.
Hacía piruetas
y allí se dormía.
 
Ya era mi niña
sirena en mi vientre;
mi pequeña vida
que en mí estará siempre.
 
Y se abrió mi cuerpo
desbordado de ella.
Y se paró el tiempo
y nació una estrella,
de resplandor blanco
y de nombre Blanca;
mi niña sirena.
La niña encantada.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Poeta de ciudad

 
 
Poeta de la ciudad de mis deseos,
ciudad asfaltada con mis sueños.
Sueños alquitranados.
 
Te espero en la esquina de mis labios
mientras pongo precio a mi sonrisa,
mientras siguen comprando mis abrazos.
 
Te espero entre los gigantes de cemento,
en la calle desierta de mi alma,
jugando a prostituir mis sentimientos.
 
Te espero enredada entre caricias de mentira;
entre suspiros de pasión fingida y falsa.
 
Quiero que reescribas los versos de mi vida,
que cantes a la felicidad que tanto anhelo.
 
Te espero.


lunes, 9 de noviembre de 2015

La sombra y la niña robada

La sombra era mala; ansiosa. Perversa.
La sombra era un monstruo; el peor.
La sombra era el hombre del saco; sin condiciones; sin amenazas. Sólo hechos. Actos oscuros y sin remordimientos.
La sombra era el hombre que se come a los niños y deja sus huesos sin atisbo de carne. Una bestia con hambre perpetua.
 
La sombra era poderosa. Su poder mayor era el de la mentira. Se vestía con el traje del cariño para engañar a la mirada de cristal que abría los ojos de felicidad cuando lo veía.
Pero la sombra no aguantaba demasiado tiempo en reposo; en espera.
Intranquila; con el tiempo sus visiones empezaban a pasearse, sinuosas, dentro de su cabeza; de un lado a otro, como fieras enjauladas. Con el tiempo, el deseo empezaba a carcomerle las entrañas.
La sombra coleccionaba inocencias clavadas con alfileres, como mariposas muertas en un expositor de pared.
Ansiaba absorber las infancias. Renovarse como un vampiro con sangre fresca.
Se imaginaba limpiando con su lengua los dientes tan nuevos que todavía guardaban el gusto a papillas y biberones.
Se imaginaba explorando olores dulces; cabellos finos y suaves, tocados por un lacito o unas horquillas de colores.
 
 
La sombra era un depredador; el peor. El más peligroso.
 
 
Primero estudiaba a su víctima. la conocía bien; sus gustos, sus debilidades; sus flaquezas. La hacía sentir bien; diferente. Especial.
Luego... Atacaba.
 
Aquel verano ella fue su víctima. Con sus cinco años recién estrenados. Con sus coletas y sus zapatillas de lona de colores.
Era tímida; introvertida. La presa perfecta.
Vivía en un pequeño mundo garabateado con sus lápices de colores, con sus cuentos favoritos formando el horizonte. Y allí, en su mundo, él le tendió la mano, y ella le permitió entrar. Confió.
La sombra le contó cuentos, le pidió dibujos; le hizo sonreír...
Y, al final del verano, la devoró. Se la llevó sin dejar ni rastro.
 
Yo conocí a aquella niña. Pude ver su transformación. Pude verla primero jugosa, viva. Luego, vacía; seca.
Dejó las pinturas de colores, sólo quedó el gris en sus dibujos. Un grafito que le secaba los ojos, la aislaba y la endurecía. Dejó de dar besos y abrazos. Dejó de tocar.
Guardó las palabras y los recuerdos; y el odio. El odio también lo guardó. Todo dentro. Un lastre en el corazón; en la mirada.
 
A la niña se la robó la sombra, y sólo dejó una cáscara, que aprendió a ensayar ante el espejo lo que tenía que hacer, que decir, que ser, para que nadie supiera... Nadie podía saber... ¿Quién iba a creer?
 
La sombra acabó de veranear y de saciarse y marchó lejos, a su casa.
 
La sombra supuraba maldad por las puntas de los dedos y, en aquella piel nueva, quedaron marcadas sus huellas purulentas para siempre. La niña robada pasó muchas noches en vela recordando aquellos dedos amarillos.
 
La sombra murió hace mucho tiempo; mucho. La niña se preguntó siempre quienes fueron las otras niñas que la sombra robó; porque su intuición infantil le decía que había otras. Cuántas como ella. Jamás lo supo.
La sombra murió hace mucho tiempo; mucho. Eso no fue suficiente. Ojalá lo fuera... Pero las sombras siempre acaban proyectadas en alguna pared; al doblar una esquina; en una puerta que se cierra; en una pesadilla; en una noticia del periódico...
 
Ahora la niña robada ha crecido y está intentando encontrarse. Encontrar a la niña que fue; a la que tenía que haber sido.
Ahora, por la noche, cuando sus pensamientos revueltos y enfurecidos le hacen abrir los ojos, la niña robada clava los dientes en los labios y aprieta fuerte; muy fuerte, al descubrir, a la luz de las farolas que traspasa la persiana, aquellas huellas amarillas en la piel, como un tatuaje de su pasado.
Entonces, cierra muy fuerte los ojos e imagina. Se imagina contando en el escondite; acunando a su muñeca; jugando a pillar en el recreo... Se imagina matando a la sombra...
Y sonríe.
La niña robada está volviendo a casa.


viernes, 6 de noviembre de 2015

Infinito

 
 
Estoy viviendo el infinito
cuando tu dedo dibuja caricias en mi espalda,
cuando entre sueños camino de tu mano.
 
Estoy viviendo el infinito
cuando entrelazo mis pasos con tus pasos,
caminando entre las hojas secas de mi otoño,
escuchando el crujir de mi pasado.
 
Estoy viviendo el infinito
cuando me baño en las estrellas de tus ojos
y me sumerjo en la luna de tu abrazo.
 
Estoy viviendo el infinito
cuando cojo tu cara entre mis manos,
cuando vuelo en el cielo de tu beso,
cuando aspiro tu aroma de verano.
 
Y viviré así. Infinitamente.
Yo en tu corazón.
Y tú en el mío.
 
Y viviré así. Y viviremos...
Dejando atrás tantos pasos en las calles...
Momentos malos, otros buenos...
Y viviré así. Y viviremos...
Juntos.

 


lunes, 26 de octubre de 2015

Un candado

Camino por la calle.
El aire, a mi alrededor,
está plagado de ecuaciones.
Insectos negros zumbando en mis oídos.
Alfileres en mi carne tibia.
 
Miro al suelo, escondiendo mis ojos de otros ojos.
Hay puntos suspensivos entre las personas.
Hay vacíos.
Sumas con resultado negativo.
Restas sin solución.
 
La acera es una pizarra llena de chicles sucios,
donde se quedan pegados mis pasos de caracol;
incrustadas las uñas mal cortadas de los dedos de mis pies,
tan fríos.
 
Los coches se apiñan en filas apretadas; interminables.
Hormigas bajo la lluvia camino de sus casas subterráneas.
No quiero subir a un coche.
 
Salto uno a uno los puntos suspensivos que se han formado entre nosotros,
al caer la tarde.
Las gotas abaten los cristales. Abaten mi cuerpo. Calman mi sed.
 
 
Vuelven a crecerme las extremidades y puedo moverme.
El amor borra los espacios vacíos. Ahuyenta los insectos posados en mi piel.
 
Mi corazón late vuestros nombres.
No quiero dejar este minuto agonizando solo en la fiambrera de plástico
donde he guardado las sobras del mediodía.
 
Los enfados pasan como las borrascas otoñales.
Las tristezas; las inseguridades que acuden a la fiesta de mis 37.
 
 
Tus palabras germinan en mis oídos como semillas de confianza.
Voy a ser valiente. Quiero serlo.
Aplastar a la serpiente de la duda con la suela del zapato; un chicle más;
y escuchar como crecen las raíces en mi corazón.
 
Quiero que el epílogo de esta tarde se convierta en una noche clara,
con la música colándose entre los pliegues de mi bata azul, y el momento
sentado junto a nosotros. Respirando.
 
Quiero poner un candado en este puente que nos une.
No mirar al suelo.
Quiero.
Te quiero.
 
 


martes, 13 de octubre de 2015

El fuego en la cerilla

Dejé mi corazón en un glaciar;
iceberg a la deriva
en medio del océano.
 
Dejé mi corazón en cementerio
donde hasta los peces
vienen a morir.
 
Dejé mi corazón lleno de sangre
violando la palidez
del horizonte.
 
 
Dejé mi corazón casi sin aire,
palpitando sólo el blanco
de la nieve.
 
Y me subí a lomos de la muerte
imaginando convertirme
en una estrella.
 
Pero mi corazón tenía ojos
y patas de sangre
y carne blanda.
 
Dejé mi corazón
y él siguió vivo,
persiguiéndome más alto
que la luna.
 
Dejé mi corazón y vomité
toda la basura
que guardaba.
 
 
La nieve quedó sucia
para siempre,
y yo me quedé vacía y plana.
 
Dejé mi corazón
y en el viaje,
nos encontramos frente a frente
yo y yo misma.
Quedé malherida
en el combate.
 
Y en el agujero negro de mi pecho
nació un pequeño fuego
silencioso.
 
Una cerilla en medio
de la noche;
en medio de la sangre
coagulada.
Amor.
 
 
 
 
"Inmediatamente me di cuenta llorosa de que una forma mística se movía a mi espalda y me tiraba del pelo. Y mientras yo forcejeaba una voz dijo con autoridad, ¿Adivinas quién te ha atrapado?.
-La muerte, dije yo.
Y entonces sonó la respuesta de plata:
-No. La muerte no, sino el amor" Elizabeth Barrett Browning

lunes, 5 de octubre de 2015

Tiempo de agua

 
 
 
 
 
 
El tiempo es agua...
 
 
El tiempo es agua
y yo tengo sed. Ansia.
Rasco la tierra de los días con las uñas, rebañando minutos; lamiendo el suelo
 para quedarme las migajas guardadas debajo de la lengua, como una píldora que se deshace poco a poco.
 
 
El tiempo es agua
y yo tengo sed.
El tiempo es agua
y quiero beber. Bebérmelo.
Quiero guardarlo en el hueco de mi mano;
de mi boca.
Quiero guardarlo pero se escapa entre los dedos;
entre la línea recta de mis labios.
 
Quiero subir a lo más alto;
escalar la montaña de mi respiración más entrecortada,
buscando nubes de lluvia y segundos.
Y, cuando las encuentre, me tumbaré bajo ellas, desnuda.
Esperando a sentir el agua penetrando por los poros de mi piel, abierta;
hasta sentirla fluir por mis venas mezclada con mi sangre
enfriando la intranquilidad de la vida.


martes, 29 de septiembre de 2015

¿Qué trae el viento?











Viento


El viento me trae risas
de la infancia perdida.
El viento me trae mar,
y la luna adivina.
 
El viento me trae playa
y sol en los tejados.
Me trae tardes oscuras;
cielos encapotados.
 
El viento me trae migas
que darle a las palomas.
Tantas tardes de parque
y saltos a la comba.
 
El viento me trae lluvia
y el otoño crujiente.
Barcos entre las olas
de blanca espuma hiriente.
 
El viento me trae faros
alumbrando mi costa.
El viento trae montañas
plenas de brezo y sombra.
 
El viento trae estrellas
que encienden las farolas.
Viajes en autobús;
sabores a mi boca.
 
El viento me trae lágrimas
que lloran las ausencias.
Trae espacios vacíos
que dejan tumbas llenas.
 
El viento me trae letras
que anidan en mi pelo,
y bajan al papel
hasta formar un verso.
 
El viento me trae tiempo
que trepa las paredes;
tic tac en los relojes.
Trae pasado en presente.
 
El viento me llevó,
me lleva todavía.
El viento... Aquel,
otro; este.
Siempre el viento,
rozándome la vida.

martes, 22 de septiembre de 2015

Perro

Perro no recuerda su nombre porque su nombre muy pocas veces escuchó pronunciarlo a alguna voz. Su nombre pasó rápido por su vida. Pasó de largo, igual que aquellas voces; igual que su familia. Todos se han marchado; su nombre; las voces; las personas; se han ido juntos con la llegada del buen tiempo.
Perro tiene el pelo de color canela oscuro; los ojos de un avellana claro salpicado de manchitas verdes.
Perro utiliza sus ojos avellana claro para mirar a uno y a otro lado pero no ve nada; no encuentra nada. Está desorientado, en medio de una carretera enorme; de un pueblo enorme; de un mundo enorme. Perro busca olores que le traigan recuerdos, pero los olores conocidos se han perdido entre el polvo que levantan los camiones sobre el asfalto.
Perro ve pasar a las personas y quiere acercarse. Se acerca buscando a las que conoce; a las que conoció y que se han ido, con su nombre suspendido en las voces y perdido para siempre; perdido como él.
Perro tiene hambre pero no ve su casa; no ve su cuenco de comida por ninguna parte. Perro tiene sed pero no está tampoco su agua. Perro lleva días bebiendo el agua que encuentra en las zanjas. Tiene calor, tiene frío, tiene sueño. No tiene nada.
Perro llora cuando alguien aparta la mano que intenta lamer  buscando una voz nueva que pronuncie su nombre.
 
 
Perro está cansado. Cansado de caminar buscando rastros que el asfalto le esconde. Cansado del sol, del hambre; de la luna tan lejana a la que no puede llegar.
Perro tiene miedo. El miedo se le ha pegado a la piel; al pelo sucio.
Perro sólo consigue recordar cosas que no encuentra por ninguna parte. Recuerda una habitación y el olor a comida; recuerda a dos niños pequeños y sus caricias en la barriga, a veces un poco brutas, pero que tanto le gustaban. Recuerda su cola moviéndose al reconocer el olor de unos zapatos negros con cordones; y un gato de goma que, al apretarlo, hacía un ruido tan insoportable que a él no le quedaba más remedio que convertirlo en montones de pedacitos de gato silenciosos. Recuerda que está mal hacer caca y pis en casa...
Perro tiene miedo. El miedo se le ha pegado a la piel; al pelo sucio. Perro está preocupado por si ha hecho algo mal; por si no ha sido bueno...
Perro baja hasta el pueblo todos los días. Le da miedo el bosque. Hay ruidos que no conoce. No encuentra caminos que lo lleven a ninguna parte. No encuentra su pelota de tenis entre la hierba.
El sol aprieta con más fuerza. Son casi las tres de la tarde. El pueblo está más silencioso.
Casi no hay coches, pero hay otros perros; Perros como él.
Ve a dos tumbados sobre la sombra que un contenedor proyecta en la acera. Uno de ellos también lleva collar, como él. Huelen mal pero Perro se acerca. Quiere compañía. Pero los perros le enseñan los dientes y le gruñen sin moverse. Esos perros también tuvieron nombre un día: Perla y Dragón. A veces creen recordar palabras parecidas; muy pocas veces.
El perro con collar tiene una calva enorme en una pata. La piel está roja y líquida. Perro sabe que eso es malo.
Da la vuelta y sigue su camino. No hay personas para él. Ni siquiera hay perros para él. No hay nada. No hay nadie.
Junto a la rueda del contenedor encuentra un pequeño trozo de pan. Recuerda el pan; recuerda que le gusta. Lo coge entre los dientes. Siente más hambre. Pero este pan no es el pan que recuerda. Este sabe a podrido, a orina, a pisadas; a mordiscos de otros dientes. Aún así Perro mastica muy rápido y se lo traga. Le cae en el estómago vacío como una piedra y casi lo vomita. Se atraganta y resopla escondido tras un coche.
Sabe que sus amos se enfadarían si le vieran cogiendo comida del suelo. Pero no pasan personas por la calle. No hay nadie. No hay nada.
Sigue su camino.
Cruza las carreteras sin mirar. Una moto consigue esquivarlo. Perro, asustado, corre sin rumbo; desesperado; triste; sin saber qué hacer; empezando a olvidar quién es; quién fue.
A cada paso que da Perro siente como el cemento abrasa las almohadillas negras que son las suelas de sus únicos zapatos, y a cada poco tiene que detenerse para lamerse las patas pero no le queda saliva ya.
Al final se para. Olisquea una colilla aplastada. No es nada.
 
La familia también sigue su camino.  La familia se lleva el nombre de Perro en el coche, junto a las maletas, la consola y una neverita llena de agua y refrescos por si tienen sed.
El aire acondicionado les mueve los cabellos.
Canturrean felices acompañando una canción que suena en la radio y sonríen. Sonríen evitando mirar el retrovisor.
Creen que lo que no ven, no existe.