jueves, 26 de febrero de 2015

Cuando eres madre; mamá; mami... a veces te apetece escribir poesía

Cuando eres madre; mamá; mami... cambian las cosas... cambian y mucho...

Qué voy a decir de la falta de horas de sueño; de la ropa, donde de repente te encuentras una mancha de vómito, o de baba, o un pegote de un gusanito, o un chupachup colgando (como me pasó a mí el otro día), justo en los peores momentos... que son todos...

Qué voy a decir de los universos nuevos que tienes que ir conquistando, o al menos explorando, porque lo de la conquista, yo creo que... va a ser que no: lactancia (universo gigante); pañales y toallitas, (la eterna cuestión de qué marca es mejor);  eliminar el pañal (ay, ay, ay...); conseguir que duerma la siesta; potitos o puré de casa (una dicotomía que al menos te entretiene en las noches insomnes); lidiar con la familia (porque cuando llegan los niños la palabra "familia" adquiere otras dimensiones); lidiar con los amigos y/o hermanos y cuñados con hijos (los suyos siempre serán más guapos, más listos y mejores. Nunca les dejan chupachups colgando... porque no los comen que dan caries...); lidiar con los amigos y/o hermanos y cuñados que no tienen hijos (pero lo saben todo sobre cualquier aspecto de criarlos); lidiar (estamos lidiando con cosas todo el día) con las señoras desconocidas que te persiguen por la calle, por los pasillos del supermercado, etc. para ver al peque (¿puedo ver al bebé?: No, no y no).

Qué voy a decir del dinero... De repente pega un estirón; ropa y zapatos nuevos; más pañales; y más toallitas. Mil lavadoras más; la luz siempre encendida (porque nunca dormimos); bañeras rebosantes de agua para que quepan toneladas de juguetes  (¿De dónde han salido tantos juguetes para la bañera?). De repente deja los pañales: muchas braguitas o muchos calzoncillitos para tener repuestos; un dineral en empapadores, y más y más lavadoras. Luego vienen aquellas galletas del supermercado que son las más ricas; los juguetes (nunca hay suficientes y siempre hay demasiados); las chuches; los disfraces; los cumples.... 

Qué voy a decir de las dificultades con la intendencia; para salir de casa; para recoger el desorden continuo (hay que asumir que la decoración de tu casa ha cambiado y ahora luce el estilo: tornado casual).

Qué voy a decir de la falta de intimidad; de la falta de conversaciones "adultas"; de que hay días en que hablas más con Papá Pig que con tu pareja....
Qué voy a decir en general de la falta de tiempo para una misma....

Es el cuento de nunca acabar, y ¿Sabéis qué...?... Ojalá no acabase nunca...
Y es que todo lo que he escrito es cierto; hay mil quejas. Es frecuente que cualquier conocido me encuentre por ahí hecha un adefesio llena de pegotes; es frecuente que  me estalle la cabeza sólo de pensar en lo que me va a decir tal o cual sobre cómo está educada mi niña; es frecuente que me encuentre un juguete en el medio del pienso para lo perros (ay, los perros; los perros+los niños= otra historia); es frecuente que me quede dormida antes de las 22:·30 (lo de ver una peli es una utopía)...
 Hay muchas cosas frecuentes, pero para ser sincera la más, más frecuente, es que siempre tengo ganas de abrazarlos; que tardo en verlos un poco más de lo habitual y los echo de menos; que me quedo embobada viendo el último dibujo de Blanca, o lo perfecto que es el piececito de David...


Cuando eres madre; mamá; mami cambian las cosas; cambian y mucho... porque cuando eres mamá, la palabra instinto empieza realmente a tener un significado pleno, esencial, primitivo... No se trata ya de sobrevivir: alimentarse, aparearse... No. Va más allá... Es que tienen que sobrevivir esos pedacitos de ti que andan caminando por ahí, y en el fondo de tú corazón sabes que como alguien los roce la piel; como alguien les arañe un sentimiento.... algo va a ir mal...
Y es que cuando eres madre; mamá; mami... Hay días de misticismo en plan "La casa de la Pradera" o algo así... Y hoy estoy en uno de esos días... Un día poético...

"Se abrieron mis entrañas
para guardaros dentro.
Fui comida y calor,
y mi voz era un cuento.
Se abrieron mis entrañas
para daros aliento
resguardaros de todo,
proteger vuestro sueño.
Se abrió mi cuerpo entero
y dejo de ser mío
para ser todo vuestro.
Una cueva secreta
con vuestra llave mágica
que cerraba la puerta.
Una cueva secreta
donde acunaros meses
y daros de comer,
y teneros calientes.

Y pasaron los meses,
y pasaron los días...
Y al sentir vuestro aliento
sentía que os quería.
Y pasaron los días,
y pasaron los meses...
Os notaba allí dentro,
poco a poco impacientes...
Y cuando del calendario
volaron nueve hojas,
crecieron las patadas
se curvaba mi boca...
Crecían las patadas,
creció también el miedo...
Os cogería en brazos,
ya no os tendría dentro...

Después de muchas horas,
ya se escapaba el día,
llegó Blanca y radiante
la niña de mi vida,
con su piel tan morena
recubierta de sangre
y su marca en el rostro,
y su pelo tan negro.
Sus ojos como abismos,
que me veían por dentro...

Y pasaron tres años,
volaron ya las hojas
de otros tres calendarios..
Y para cuando el reloj
ya casi dio las cinco
de tarde veraniega,
lloró sobre mi pecho
y yo llore de alivio
como niña pequeña
por el pequeño mío.
El de los ojos de agua,
y de cielo, y de estrellas
que guarda en su mirada
la luna llena entera.

Y el miedo sigue ahí
y ahí seguirá siempre
porque os quiero tanto, tanto
que siempre está presente
por un posible daño,
un golpe, un arañazo.
Por si os hace llorar
algún niño en el patio.

Y el miedo sigue ahí,
y crecéis sin remedio,
y sin remedio el crece
y seguirá creciendo,
porque os quiero tanto, tanto...
porque tanto os quiero."

¡Lo siento!, ya dije que tenía un día poético...Y es que soy madre; mamá; mami, y a veces me apetece escribir poesía...

1 comentario:

  1. Hola Eva, te he dejado un premio en mi blog, si te apetece pasa a recogerlo.
    http://carmen-jugandoyaprendiendo.blogspot.com.es/2015/02/black-wolf-blogger-award-nueva-version.html
    Un saludo y felicidades por tu blog.

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