jueves, 30 de abril de 2015

Juicio a los humanos

 Desde hace unos días (bastantes) por la zona donde vivo, en Pontevedra, se han producido un montón de noticias, no noticiables, muy tristes relacionadas con los perros. Digo que no son noticiables porque son lo de siempre: perros abandonados, perros maltratados; descartes de caza que aparecen con el chip arrancado vagando por el monte como fantasmas desorientados; mil cachorros que aparecen en un contenedor... Noticias gemelas de las que ocurren en otros sitios; en mil lugares, ya sean a 20 kilómetros, o a 100. Da lo mismo. La crueldad del ser humano se reproduce; se enreda con el día a día, como los piojos que se multiplican y se enredan en una cabeza infantil.
Es imposible acostumbrarse a oír esto; a leerlo.
Sigo el día a día de varias protectoras gallegas. Todos los días cuelgan en sus muros nuevos ocupantes del refugio. Todos los días hacen llamamientos desesperados porque hay muchos perros y gatos, a los que ponen nombres, a los que sacan fotografías, viviendo (o más bien sin vivir) en condiciones lamentables. Y muchos leemos sus historias, vemos sus fotografías (no sólo las miramos, también las vemos), nos fijamos en su mirada; en esa manchita junto a la oreja derecha; en ese colmillo que no encaja bien y que sobresale un poquito; en las canas... y al día siguiente, buscamos su historia de nuevo deseando ver que ha habido un final feliz, pero por desgracia parece que hay muy pocos tickets de "final feliz" y demasiados entre quienes repartirlos; unos demasiados que crecen y crecen a cada minuto.
Ayer, Marigem Saldelapuro en su blog, invitaba a reflexionar sobre cuánto se puede querer a los animales. Yo creo que mucho, muchísimo. Creo que más que a las personas. Creo, que es imprescindible que los niños tengan contacto con ellos para que aprendan, en primera persona, qué es la auténtica bondad, el amor desinteresado, y muchas, muchísimas otras cosas.
 No todos tenemos que pensar igual, claro, pero por qué no se les respeta. ¿Qué clase de raza de monstruos somos?. ¿No se puede buscar otra vía de escape para descargar nuestras frustaciones, que hacer daño a un ser más débil, más vulnerable?. ¿No se puede pensar al menos, simplemente, que son seres vivos; que les duele lo que les hacemos; que sufren? ¿Por qué no lo piensan dos veces antes de llevar para casa a uno que dejaran tirado en menos de un mes?
Hace unos días, repasando esos muros que casi siempre me ponen tan triste, en uno vi que unos chicos de una protectora se encontraron una caja de cartón con una camada de gatitos, que algún... (mejor me ahorro las palabras) había llenado de agua para que se ahogasen. Sólo sobrevivió uno. Está la historia de Yum. Es un perrito al que su dueño, un sádico sin alma, le fue cortando trozos de la patita día tras día. Ahora, por suerte, lo han rescatado y vive, ahora sí puedo decir que vive, esperando una adopción, en un "refugio" muy especial llamado Villa Peixiño, donde los animales se integran como uno de la familia. Le han fabricado una botita para igualarle la longitud de las patitas, y ahora puede caminar. Lo que me asombra, es que cuando lo leí, no me asombró tanto la tragedia, la crueldad, como la capacidad de superación que tiene. Lo puros que son; lo inocentes. En su alma no hay un resquicio de negrura. Él, como todos, siguen confiando, con más o menos trabajo, en nosotros. Y, no puedo olvidarme de Schubert, al que adoptaron comprometiéndose a cuidarlo, a quererlo, a respetarlo. Hace unos días murió ahorcado en la cadena donde lo ataron.
Hace ya bastante tiempo leí un libro, para mí imprescindible: "Juicio a los humanos", de José Antonio Jáuregui. Es una fábula; la imaginación de un mundo "al revés", donde los animales tienen el control y nosotros, los humanos, nos sentamos en el banquillo de los acusados por todo lo que les hemos hecho, y les hacemos cada día.

En casa, esta semana, respiramos un poquito más tranquilos. Trufo y Canela han ido al veterinario, a revisión. Nos han dicho que, aunque son unos abuelitos, tienen mucha vitalidad, que su corazón suena muy bien... igual que el mío cuando escuché aliviada, que, por ahora, todo va bien. También está muy bien Son, el perrito que adoptaron mis padres. Ha engordado, y ha cogido tanta confianza que ya se ha apropiado de mi antigua cama...

Pero, todos los demás siguen ahí; ellos y aquellos que los maltratan, que los abandonan, que ignoran su sufrimiento... a ellos tampoco los olvido. En mi alma si que hay sitio para la negrura; para la desconfianza, y para el rencor. Al fin y al cabo, soy humana.


No me han dejado ayudarte
en este maldito pueblo
en que todos se sonríen
si confieso que te quiero.

No me han dejado ayudarte
y he puesto el grito en el cielo
pero allí no moran ángeles.
Los milagros se extinguieron.

Quién esté libre de culpa
que lance lejos la piedra
y esconda pronto la mano.
Quién esté libre de culpa
y libre de haber pecado
enseñe al mundo su rostro
que el odio no ha machacado.

Yo ya no puedo enseñarlo.
El odio está en mi mirada,
lo llevo oculto en la mano
que siempre guardo a la espalda
dispuesta para el disparo,
con la mentira cargada.

Nunca aprenderé a rezar
por vuestras almas podridas.
Siempre con el rostro oculto
avanzaré de puntillas
entre vuestros miedo absurdo
a ser poco, o no ser mucho.
Me reiré fuerte a escondidas
de ese desgraciado hielo
que guardáis en las pupilas.

Sólo puedo sentir pena
de ese patético intento
por parecer diferentes
sin que jamás podáis serlo.

No os debo gracias por nada,
y si morís no lamento
escupiros a la cara
sin pronunciar un lo siento.

Igual que hacéis vosotros,
y que enseñasteis a hacerlo.
No me afligiré, si muere un "perro".

 
 
A todos...
 
El mundo sigue girando,
la lluvia sigue cayendo,
tu pelo sigue mojando,
los árboles floreciendo.
 
Tú recuerdo lo traerá
otro que venga en tu sitio;
que vista tus mismos ojos,
buscando en la noche alivio.
 
Volverás y marcharás
una y mil veces de nuevo,
y en el claro de la nieve
dejarás escrito un beso.
 
Volverás y marcharás de nuevo,
otra más, y otras mil veces,
en verano y en invierno.
Cuando caigan lluvia y nieve,
cuando queme el sol de fuego.
 
Porque sois muchos el mismo,
y ese mismo que sois tantos,
y alguno que no ha nacido,
y el destino ha condenado,
estaréis en mi recuerdo.
Sois de mis ojos, el llanto.




Trufo

Caela (Canela sin "n")



Son, el que sonríe.





 


7 comentarios:

  1. Hola!!!!!
    Lo primero, mil gracias por nombrarme, eres un sol!!!!
    Lo segundo, tus perror son requeteguapos, qué caritas tan adorables.
    Y lo tercero, se me saltan las lágrimas.¿Qué clase de ser le corta la patita a un perro?
    Lo de los gatitos lo veo hasta "normal" porque los últimos que recogí estaban en un saco cerrado en un río, los vio mi marido de casualidad y los trajo a casa.
    No pudimos salvarlos a todos pero los que sobrevivieron son como hijos, tenían unos 10 días así que los criamos a biberón con leche de fórmula para perro(el veterinario no conocía de gato, no sé si hay o no) y tuvimos que curarlos,pincharles antibióticos, de todo, pero aquí están, alegrándonos la vida.
    Y el mío mayor, mi preferido, el que me adora y al que adoro tanto, lo sacamos de un contendor.
    Por cierto, no sabía que eras de Pontevedra, adoro tu ciudad y tu provincia, mis mejores vacaciones las pasé allí, algunos años pude hacer viajes chulos y claro, genial, pero los momentos vividos en Pontevedra y Rías Baixas no los iguala ningún sitio, las primeras vacaciones con mis hijos, días largos llenos de sol y risas, descubrimientos cada día, ayyy, qué felicidad.
    Un besín y perdona el rollo.

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    1. No hay nada que agradecer,de verdad. Verás, tu entrada coincidió con unos días que para mí fueron un poco duros. Me afectan mucho los temas relacionados con animales; mucho. Y leerte, me impulsó a escribir. A veces escribir es un acto depurativo, como en esta ocasión. En todo caso, debo ser yo la que te dé las gracias a ti,por motivarme.
      Y gracias también por lo que dices de mi tierra. En realidad yo soy de un poquito más al norte, de Coruña. Vivo en Vigo desde hace tiempo, y desde hace medio año, en Pontevedra. Una ciudad que me encanta. la verdad es que tiene mucho por descubrir, y los veranos son fantásticos.
      ¡Ah, y no ha sido ningún rollo!. Un besito.

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    2. ¡Me olvidaba de algo importante!:Gracias de parte de mis perritos!!

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    3. ...Y, que maravilla haber salvado a los que ahora son tus gatitos. Cosas así, contribuir de alguna manera; intentar ayudar en lo que podamos hace que merezca la pena. Besitos otra vez

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    4. De nada para tus perritos,jejeje.
      La verdad es que a veces nos miran con una adoración que decimos-¿recordarán de dónde los hemos sacado? Y merece la pena, se les quiere tanto y son tan tan agradecidos. Un besín.
      Ayyyy Coruña me encanta, adoro Galicia entera, mi abuelo era de un pueblo de Lugo, pero me encanta toda la comunidad.
      Besitos.

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  2. Los que abandonan a sus animales quizá no estén enfermos, pero o no han entendido qué es un animal doméstico, o no les importa el dolor del animal, que abandonan a su suerte sin estar preparado, porque le enseñaron a ser dependiente de ellos, a ser su mascota. Seguramente lo hacen también con las personas, de alguna forma.
    No te aporto nada, sólo te digo que estoy de acuerdo contigo y te felicito, porque con tu artículo puedes abrir los ojos a algunos que lo necesitan.
    Un besico

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    1. Lo primero, gracias por leerme, y muchas gracias por tus palabras. La verdad, si con las mías realmente pudiera cambiar los actos, o al menos la forma de pensar de una sola persona, habría valdría mucho, muchísimo la pena. Gracias, de verdad. Un beso

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