lunes, 9 de noviembre de 2015

La sombra y la niña robada

La sombra era mala; ansiosa. Perversa.
La sombra era un monstruo; el peor.
La sombra era el hombre del saco; sin condiciones; sin amenazas. Sólo hechos. Actos oscuros y sin remordimientos.
La sombra era el hombre que se come a los niños y deja sus huesos sin atisbo de carne. Una bestia con hambre perpetua.
 
La sombra era poderosa. Su poder mayor era el de la mentira. Se vestía con el traje del cariño para engañar a la mirada de cristal que abría los ojos de felicidad cuando lo veía.
Pero la sombra no aguantaba demasiado tiempo en reposo; en espera.
Intranquila; con el tiempo sus visiones empezaban a pasearse, sinuosas, dentro de su cabeza; de un lado a otro, como fieras enjauladas. Con el tiempo, el deseo empezaba a carcomerle las entrañas.
La sombra coleccionaba inocencias clavadas con alfileres, como mariposas muertas en un expositor de pared.
Ansiaba absorber las infancias. Renovarse como un vampiro con sangre fresca.
Se imaginaba limpiando con su lengua los dientes tan nuevos que todavía guardaban el gusto a papillas y biberones.
Se imaginaba explorando olores dulces; cabellos finos y suaves, tocados por un lacito o unas horquillas de colores.
 
 
La sombra era un depredador; el peor. El más peligroso.
 
 
Primero estudiaba a su víctima. la conocía bien; sus gustos, sus debilidades; sus flaquezas. La hacía sentir bien; diferente. Especial.
Luego... Atacaba.
 
Aquel verano ella fue su víctima. Con sus cinco años recién estrenados. Con sus coletas y sus zapatillas de lona de colores.
Era tímida; introvertida. La presa perfecta.
Vivía en un pequeño mundo garabateado con sus lápices de colores, con sus cuentos favoritos formando el horizonte. Y allí, en su mundo, él le tendió la mano, y ella le permitió entrar. Confió.
La sombra le contó cuentos, le pidió dibujos; le hizo sonreír...
Y, al final del verano, la devoró. Se la llevó sin dejar ni rastro.
 
Yo conocí a aquella niña. Pude ver su transformación. Pude verla primero jugosa, viva. Luego, vacía; seca.
Dejó las pinturas de colores, sólo quedó el gris en sus dibujos. Un grafito que le secaba los ojos, la aislaba y la endurecía. Dejó de dar besos y abrazos. Dejó de tocar.
Guardó las palabras y los recuerdos; y el odio. El odio también lo guardó. Todo dentro. Un lastre en el corazón; en la mirada.
 
A la niña se la robó la sombra, y sólo dejó una cáscara, que aprendió a ensayar ante el espejo lo que tenía que hacer, que decir, que ser, para que nadie supiera... Nadie podía saber... ¿Quién iba a creer?
 
La sombra acabó de veranear y de saciarse y marchó lejos, a su casa.
 
La sombra supuraba maldad por las puntas de los dedos y, en aquella piel nueva, quedaron marcadas sus huellas purulentas para siempre. La niña robada pasó muchas noches en vela recordando aquellos dedos amarillos.
 
La sombra murió hace mucho tiempo; mucho. La niña se preguntó siempre quienes fueron las otras niñas que la sombra robó; porque su intuición infantil le decía que había otras. Cuántas como ella. Jamás lo supo.
La sombra murió hace mucho tiempo; mucho. Eso no fue suficiente. Ojalá lo fuera... Pero las sombras siempre acaban proyectadas en alguna pared; al doblar una esquina; en una puerta que se cierra; en una pesadilla; en una noticia del periódico...
 
Ahora la niña robada ha crecido y está intentando encontrarse. Encontrar a la niña que fue; a la que tenía que haber sido.
Ahora, por la noche, cuando sus pensamientos revueltos y enfurecidos le hacen abrir los ojos, la niña robada clava los dientes en los labios y aprieta fuerte; muy fuerte, al descubrir, a la luz de las farolas que traspasa la persiana, aquellas huellas amarillas en la piel, como un tatuaje de su pasado.
Entonces, cierra muy fuerte los ojos e imagina. Se imagina contando en el escondite; acunando a su muñeca; jugando a pillar en el recreo... Se imagina matando a la sombra...
Y sonríe.
La niña robada está volviendo a casa.


10 comentarios:

  1. Qué bien escrito!!!! Me has hecho sufrir con esa niña, pero me ha gustado mucho. Un besito.

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    1. Muchas gracias, de verdad!. Al final, la niña vuelve :). Besitos

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  2. Fabuloso. Está narrado con una agilidad increíble, y con mucha poesía a pesar de lo que cuentas. Me ha impactado y emocionado, lo he leído varias veces para saborearlo. Yo creo que tu final es el mejor posible, queda la esperanza de que la niña robada vuelva a casa. Y lo hará, porque todo se supera, hasta las huellas de las sombras. De verdad, me ha gustado muchísimo. Felicidades

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    1. Muchas gracias, de verdad. Me planteaba si escribirlo o no, precisamente por lo que contaba pero, salió solo. Gracias!!

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  3. Hola Eva, son de esos textos que te dejan parada, con la mirada fija frente a la pantalla, sin parpadear. Son esas palabras que llegan al alma de una mujer que fue esa niña robada. Lo has contado de forma muy especial, admirable. Remueve el chacra más íntimo de la mujer. Me ha gustado, creo que se nota ¿verdad?

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    1. Mil gracias, de verdad. Me costaba un poco hacer este relato pero una noche de insomnio fueron apareciendo las palabras, tan amigas de las niñas robadas porque ahuyentan a los fantasmas. Un beso

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  4. Muy duro pero no lo has podido relatar mejor. Genial, Eva.
    Un besito. :)

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  5. Muchísimas gracias, de verdad!. Un besito

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  6. Quien no siente en el alma un apretujon al leer esta entrada no se imagina el dolor de la inocencia robada, que bien relatado y que esperanza tan grande al final saludos

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    1. Muchas gracias!. Es que al final siempre tiene que haber, y estoy segura de que, aunque a veces sea muy difícil, hay esperanza. Saludos

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