martes, 13 de octubre de 2015

El fuego en la cerilla

Dejé mi corazón en un glaciar;
iceberg a la deriva
en medio del océano.
 
Dejé mi corazón en cementerio
donde hasta los peces
vienen a morir.
 
Dejé mi corazón lleno de sangre
violando la palidez
del horizonte.
 
 
Dejé mi corazón casi sin aire,
palpitando sólo el blanco
de la nieve.
 
Y me subí a lomos de la muerte
imaginando convertirme
en una estrella.
 
Pero mi corazón tenía ojos
y patas de sangre
y carne blanda.
 
Dejé mi corazón
y él siguió vivo,
persiguiéndome más alto
que la luna.
 
Dejé mi corazón y vomité
toda la basura
que guardaba.
 
 
La nieve quedó sucia
para siempre,
y yo me quedé vacía y plana.
 
Dejé mi corazón
y en el viaje,
nos encontramos frente a frente
yo y yo misma.
Quedé malherida
en el combate.
 
Y en el agujero negro de mi pecho
nació un pequeño fuego
silencioso.
 
Una cerilla en medio
de la noche;
en medio de la sangre
coagulada.
Amor.
 
 
 
 
"Inmediatamente me di cuenta llorosa de que una forma mística se movía a mi espalda y me tiraba del pelo. Y mientras yo forcejeaba una voz dijo con autoridad, ¿Adivinas quién te ha atrapado?.
-La muerte, dije yo.
Y entonces sonó la respuesta de plata:
-No. La muerte no, sino el amor" Elizabeth Barrett Browning

8 comentarios:

  1. Me ha gustado, Eva. Nada más leer los tres primeros versos he visto la solitaria figura de la criatura de Frankenstein sobre el hielo, bramando su dolor, como lo describe Mary Shelley en su novela. Mucho se parecen corazón y monstruo, hechos a retazos y llenos de costurones.

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  2. Gracias, Carmen. Es verdad!, se parecen demasiado, quizás. A veces, inocentes y nuevos; otras, llenos de heridas que los vuelven implacables. Muchísimas gracias por pasarte a leerme. Un abrazo

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  3. Cuando ya parece que no puedes sentir nada más que el dolor, viene el fuego del amor a rescatarte de la prisión, y vuelves a resurgir.
    Un hermoso poema Eva.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias Mila. El amor, sin duda, es un bálsamo que puede curar hasta las más profundas heridas. Un abrazo

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  4. Al corazón no hay que darle las palancas de mando, tampoco a la razón. Los extremos no son buenos.
    Bonitos versos.
    Abrazos

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    1. Me alegro mucho de que te hayan gustado!. Es verdad, que lo ideal sería conseguir un término medio. Lo ideal, y lo complicado, claro.
      Gracias por pasarte y dejarme unas palabras. Abrazos!

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  5. ¿Y cual sería la diferencia entre hacer caso al corazón o a la razón?

    La pregunta viene porque soy bastante partidario de ser razonable. Que no significa olvidarse de las querencias del corazón, solo implica desechar lo que anuncia naufragio.

    Apuesto por el querer que ma aporta mas sonrisas que lagrimas. Mas placer que dolor. Es mas, exagerando, lo elegiría sin lagrimas y sin dolor.

    Exigente -optimista en otras versiones- que es uno.

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    1. Es que yo no creo que ese sea el tema. A mí tampoco me gusta sufrir. No creo que a nadie le guste, aunque haya personas que patológicamente lo creen. Yo creo que la cuestión es conocerse a uno mismo de verdad y ser sincero sobre ese conocimiento. Asumir como eres y lo que quieres, y lo que costará, o no. Si eres muy racional y quieres dejar de lado el corazón, asumirlo, ello y sus consecuencias, o al contrario. Personalmente no creo en los porcentajes absolutos. Hay que buscar un 50%, creo yo, intentando no renunciar a nada. A veces, escuchando sólo al corazón pueden cometerse errores, pero oyendo sólo los consejos de la razón también. Yo lo hice, hace muchos años, y ... "salí malherida en el combate". Cada uno tiene que buscar su propio equilibrio.
      Un saludo

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