viernes, 24 de abril de 2015

¿Qué se hace cuando se tiene un hijo escalador?

A los que nos gusta escribir se nos repiten los temas. Es frecuente que el bolígrafo tome un rumbo conocido; que los dedos siguiendo el laberinto de teclas arriben al mismo lugar. Las obsesiones buenas, las no tan buenas y las regulares, se quedan pegadas como lapas a nuestra pluma, y al menos en mi caso, no hay oleaje tan fuerte que consiga despegarlas.
Hay millones de pensamientos recurrentes en mi cabeza. Frecuentes. Constantes. Inquilinos que pagan una renta antigua y ejercen, sin remedio, el derecho de usucapión sobre su parcelita de materia gris.  Pueden cambiar las formas, los enunciados, pero el trasfondo de nuestra personalidad; nuestras pasiones, nuestros odios y nuestras preocupaciones, placeres o felicidades. Todo eso está ahí; ahí es en la cabeza; y en la mía, como no podía ser de otra forma, están mis hijos. Metidos a presión en mi cerebro, envueltos en mi materia gris a cada minuto de cada día.
Soy madre, mamá, y esto me convierte en muchas cosas. Soy pesada, repetitiva, insegura. ¿He dicho pesada?...

Quién me lo iba a decir a mi cuando me vestía toda de negro y me ahumaba la mirada. Quién me lo iba a decir a mi cuando de mi boca no salían más que bocanadas de un gris más gris que el maquillaje de mis ojos, y me imaginaba soltera, rodeada de una gran familia perruna.
Un día, estando en la Facultad, el hermano de una amiga empezó a preguntarnos a todas si queríamos tener hijos algún día. Yo contesté que no, y el riéndose dijo: tú serás la primera.
No tengo contacto con aquellas chicas, pero, lo admito, soy humana y tengo muchas horas muertas mientras sujeto un biberón o una cabecita despeinada se duerme sobre mi hombro; y ya sabéis, las redes sociales y el conocimiento están tan sólo a un clic de ratón. En fin, que aunque de vez en cuando me avergüenzo de estas cosas, las he buscado, y resulta que el hermano de aquella amiga tenía razón. Yo, la que se escondía detrás de un libro; la del pitillo pegado a los labios; la solitaria...

La maternidad, ¡Menudo tema!
La maternidad es un planeta propio. Un planeta rodeado de satélites. A su alrededor orbitan miedos e inseguridades; dudas prácticas; sentimientos encontrados; algún objeto no identificado que se cuela sin invitación en su espacio y a punto está de ocasionar algún que otro mega estallido cósmico: interacciones con otras madres/padres/niños; acuerdos y desacuerdos de pareja (ojalá fueran acordes, Woody), y luego está todo lo demás...


He desterrado hace ya tiempo los tacones y el maquillaje gris y me he puesto cómoda. El otro día viendo una serie, "Jane the Virgin" (una especie de parodia sobre los culebrones que está bastante entretenida), la madre de la protagonista, que siempre va con tacones, shorts..., le pregunta: ¿Preferirías que hubiera sido una madre de las de sudadera?. Me sentí un poco aludida, porque yo ¡Uso sudadera!. Y me dio la sensación de que identificaban el hecho de usarla con perder un poco tu identidad como mujer, como individuo, únicamente por una opción de vestuario. Sí, lo he dicho, yo la uso, pero siego siendo Eva: mamá, claro, pero también, mujer, brochera (como dice mi hija), amiga, compañera, hija; todavía nieta, y muchas cosas... ¡Buff, qué alivio he sentido con esta enumeración!.
A ver... recapitulemos: soy mamá, soy pesada, hablo mucho de mis hijos, uso sudadera, y digo muchas veces que soy madre.
En fin, que pienso mucho en mis hijos, y estas "tropecientas" líneas van de eso, aunque no sepa qué es eso exactamente. Lo que sí sé es que no voy a hablar de cómo bañar a los niños, limpiarlos, darles de comer. Para eso hay pediatras, abuelas y cuñadas; hay guías (diré, por cierto, que mi marido todavía piensa en que habría que denunciar a los que escribieron la guía que nos dieron en las clases de preparación al parto..., aunque esa es otra historia); hay consejeros; incluso cualquier desconocido en la cola del supermercado puede dar su opinión: "Ese niño tiene hambre". "Ese niño está estreñido por la forma en que llora". Menuda investigadora se perdió la Universidad de Massachusetts , para esos estudios que luego publican por ahí: Señora descubre su talento natural para interpretar el llanto de un bebé la primera vez que lo ve...
Pero vamos a ver, señora... (dejo claro que hablábamos yo y mis horas sin dormir), ¿Usted come bien?, ¿Va al baño con regularidad o precisa cereales integrales?. La verdad es que hasta he llegado a tener aprensión a ir al supermercado. Hoy en día, la costumbre, o quizás la actuación silenciosa de la selección natural (supongo que el instinto de supervivencia es lo que tiene) han ido desarrollando un sistema de muelles invisibles en la comisura de mis labios. Así cuando alguien empieza: "Ese niño...", yo sonrío. Es cierto que a veces la sonrisa parece más una mueca, o, bueno, una amenaza, o un... "Señora corra, por su bien", pero es que yo soy su mamá; estoy en modo multitarea con la lista de la compra y cinco mensajes pendientes; tengo hambre, y estoy muy, muy cabreada.

Se puede hablar de tantas cosas sobre la maternidad... de que nunca estás preparado; de que la primera vez que te enfrentas a un cordón umbilical puedes acabar en urgencias, no sabes si por tu bebé, o por un ataque de ansiedad encubierta...
Se puede hablar de tantas cosas... de que todo eso de que es color de rosa es una patraña, y que igual ves todo de color de rosa porque estás flipando después de aspirar tanta crema de culete y polvo de la leche.
Se puede hablar de que los quieres un montón, y de que no sabes cuando has empezado a quererlos tanto.

Esta que quería ser una entrada alegre (estoy contenta aunque no lo parezca), es al final una entrada confusa; una divagación. Supongo que será por esto, porque ser padres es una confusión continua.
Las dudas surgen en todo momento, ¿Come bien?, ¿Paso suficiente tiempo con ellos?.
En estos momentos que miro a David, me viene a la cabeza la de: ¿Qué hago contigo?, y es que, ¿Qué se hace cuando se tiene un hijo escalador?.
De Blanca hablé ya en varias ocasiones, pero de David no, porque no se muy bien que decir. Me tiene desconcertada; asombrada; si estuviera en un reality, diría incluso "ojiplática".
Ojalá me acordara mejor de aquello de las Leyes de Mendhel y de las mariposas para intentar comprender de dónde le viene ese complejo de pequeño Houdini escalador. Escapista; alpinista. Embaucador, peligroso y encantador. Pone en riesgo su pellejo a cada segundo; como si necesitase un subidón continuo de adrenalina.


Cuando la gente me pregunta si es bueno, (típica pregunta), siempre me abstraigo un instante mientras busco las palabras apropiadas. Veo con los que me han preguntado siguen moviendo los labios mientras mi cerebro trabaja como un ordenador del FBI buscando huellas y sus coincidencias.
Será algo como las "Supernenas", ellas estaban hechas de azúcar, especias, y cosas bonitas, pero el profesor hecho sin querer la sustancia "X" a la combinación. En el caso de David...
Sí, respondo al final. Es bueno. Es bueno y se sube a todo; a la mesa; al mueble de la tele; encima del portátil; a la alacena de los platos. Es bueno, y abre la nevera para comerse los tomates. Las manzanas del frutero aparecen misteriosamente cubiertas por diminutos mordisquitos. En medio del pienso de los perros aparecen muñecos que se habían perdido en combate. Últimamente ha convertido su hamaquita en un balancín que podría mandarlo al espacio. Ha aprendido a soltarse de los arneses de la silla y por la calle camino con el corazón encogido preocupada por si se suelta en algún momento.
Pero, a pesar de todo esto, intuyo la pena que me va a dar cuando deje de escalar y llegue sin dificultad a cualquier sitio, sin necesitar mis abrazo para protegerse de la caída.

¡Ayy!, no es por ser melodramática, aunque no me niego a ella, claro, pero "Vivo sin vivir en mí", y no soy una Santa y me llama Teresa, pero así estoy.
Estoy poseída por estos dos locos bajitos que caminan por mi casa (me refiero a los dos menos peludos y, claro, a los peludos también).
Quién me lo iba a decir a mi; madre, con sudadera, frente a un portátil; y como no podéis ver si estoy más roja que un tomate... pues contando todo esto: que me desespero y me vuelvo loca; que a veces grito y a veces lloro, y al rato me da un ataque de risa cuando el suelo del salón aparece alfombrado de muñecos y gusanitos; que a partir de las 21:00 paso de la sudadera al pijama y que hace muuucho que no voy a la peluquería.
A veces me miro a los ojos en el espejo a ver si encuentro a aquella otra de los ojos cubiertos de gris, pero ya no está. He cambiado, y eso, no es malo, por muchas cosas, y por mis dos locos bajitos.

13 comentarios:

  1. Jajaja, cómo te entiendo!! Nos vuelven locas, pero lo son todo!! Un beso y ánimo (el mío también es escalador, bueno, dice que es spiderman,jjjj)

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    1. Gracias! Uy!lo de Spiderman son palabras mayores. Qué miedo me da pensar en el día que David lo conozca!, ánimo a ti también!_Un beso!

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  3. ¡Muy bueno, Eva! Muy bueno el texto, y también el escalador. ¿Y qué hace Blanca, mientras David escala las más altas cumbres hogareñas? Me la imagino como sherpa: "por aquí, David", "no, hay otro camino mejor para alcanzar la lámpara"... ¡Vaya par!

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    1. Gracias,Carmen!. Pues sí, Blanca es una excelente serpha. Sabe los mejores caminos para llegar a los s sitios más interesantes. Cuando se hacen socios... Peligro!,

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  4. Ayyyy qué chulo!!!!!! Disfruta mucho que crecen muy rápido, a veces da vértigo. Un besín y hoy te nombro en el blog.

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    1. Hola!!!! Por cierto, si quieres poner lo de los seguidores que me comentabas en el blog puedo decirte la forma. Iba a ponerlo en mi blog pero no sabía si te pasarías así que lo pongo aquí. Solo sé hacerlo si es de blogger.
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    2. Mil gracias!!! Hoy lo hago! Un besito

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  5. Gracias!!,si ,es verdad!!hay que disfrutarlos!!. Ya me he pasado por tu blog! Mil gracias!!

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  6. Hola!!, que lindo como escribes.....
    ¡que preciosa es la maternidad!, lo más bonito es que nos hace constantemente cuestionarnos..
    un besote guapa
    http://emprendedorasycreativas.blogspot.com.es/

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    1. Muchísimas gracias,por leerme y por tus palabras!es verdad,la maternidad es un desafío constante! Un beso!

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  7. Yo si te puedo asegurar que nunca llegaré a esa etapa, admiro eso si a las mamás que cuidan a sus hijos y dan su vida por ellos, tengo sobrinos a los que adoro y prefiero ser tía, tía con sudadera je,je. Bello post Eva, felicitaciones por tu excelente rol materno.
    Abrazos!

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    1. Muchísimas gracias, Alejandra!Yo creo que llega un momento en que cada uno encontramos nuestro camino,el que sea que nos está esperando. Yo tardé, nunca se me dio bien leer los mapas, y encontré uno inesperado,cuando al fin decidí guiarme por las estrellas y romper mis propias barreras. Ah!y muy importante en cualquier camino la sudadera. Estar cómoda para afrontar la vida! Un beso!

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