martes, 22 de septiembre de 2015

Perro

Perro no recuerda su nombre porque su nombre muy pocas veces escuchó pronunciarlo a alguna voz. Su nombre pasó rápido por su vida. Pasó de largo, igual que aquellas voces; igual que su familia. Todos se han marchado; su nombre; las voces; las personas; se han ido juntos con la llegada del buen tiempo.
Perro tiene el pelo de color canela oscuro; los ojos de un avellana claro salpicado de manchitas verdes.
Perro utiliza sus ojos avellana claro para mirar a uno y a otro lado pero no ve nada; no encuentra nada. Está desorientado, en medio de una carretera enorme; de un pueblo enorme; de un mundo enorme. Perro busca olores que le traigan recuerdos, pero los olores conocidos se han perdido entre el polvo que levantan los camiones sobre el asfalto.
Perro ve pasar a las personas y quiere acercarse. Se acerca buscando a las que conoce; a las que conoció y que se han ido, con su nombre suspendido en las voces y perdido para siempre; perdido como él.
Perro tiene hambre pero no ve su casa; no ve su cuenco de comida por ninguna parte. Perro tiene sed pero no está tampoco su agua. Perro lleva días bebiendo el agua que encuentra en las zanjas. Tiene calor, tiene frío, tiene sueño. No tiene nada.
Perro llora cuando alguien aparta la mano que intenta lamer  buscando una voz nueva que pronuncie su nombre.
 
 
Perro está cansado. Cansado de caminar buscando rastros que el asfalto le esconde. Cansado del sol, del hambre; de la luna tan lejana a la que no puede llegar.
Perro tiene miedo. El miedo se le ha pegado a la piel; al pelo sucio.
Perro sólo consigue recordar cosas que no encuentra por ninguna parte. Recuerda una habitación y el olor a comida; recuerda a dos niños pequeños y sus caricias en la barriga, a veces un poco brutas, pero que tanto le gustaban. Recuerda su cola moviéndose al reconocer el olor de unos zapatos negros con cordones; y un gato de goma que, al apretarlo, hacía un ruido tan insoportable que a él no le quedaba más remedio que convertirlo en montones de pedacitos de gato silenciosos. Recuerda que está mal hacer caca y pis en casa...
Perro tiene miedo. El miedo se le ha pegado a la piel; al pelo sucio. Perro está preocupado por si ha hecho algo mal; por si no ha sido bueno...
Perro baja hasta el pueblo todos los días. Le da miedo el bosque. Hay ruidos que no conoce. No encuentra caminos que lo lleven a ninguna parte. No encuentra su pelota de tenis entre la hierba.
El sol aprieta con más fuerza. Son casi las tres de la tarde. El pueblo está más silencioso.
Casi no hay coches, pero hay otros perros; Perros como él.
Ve a dos tumbados sobre la sombra que un contenedor proyecta en la acera. Uno de ellos también lleva collar, como él. Huelen mal pero Perro se acerca. Quiere compañía. Pero los perros le enseñan los dientes y le gruñen sin moverse. Esos perros también tuvieron nombre un día: Perla y Dragón. A veces creen recordar palabras parecidas; muy pocas veces.
El perro con collar tiene una calva enorme en una pata. La piel está roja y líquida. Perro sabe que eso es malo.
Da la vuelta y sigue su camino. No hay personas para él. Ni siquiera hay perros para él. No hay nada. No hay nadie.
Junto a la rueda del contenedor encuentra un pequeño trozo de pan. Recuerda el pan; recuerda que le gusta. Lo coge entre los dientes. Siente más hambre. Pero este pan no es el pan que recuerda. Este sabe a podrido, a orina, a pisadas; a mordiscos de otros dientes. Aún así Perro mastica muy rápido y se lo traga. Le cae en el estómago vacío como una piedra y casi lo vomita. Se atraganta y resopla escondido tras un coche.
Sabe que sus amos se enfadarían si le vieran cogiendo comida del suelo. Pero no pasan personas por la calle. No hay nadie. No hay nada.
Sigue su camino.
Cruza las carreteras sin mirar. Una moto consigue esquivarlo. Perro, asustado, corre sin rumbo; desesperado; triste; sin saber qué hacer; empezando a olvidar quién es; quién fue.
A cada paso que da Perro siente como el cemento abrasa las almohadillas negras que son las suelas de sus únicos zapatos, y a cada poco tiene que detenerse para lamerse las patas pero no le queda saliva ya.
Al final se para. Olisquea una colilla aplastada. No es nada.
 
La familia también sigue su camino.  La familia se lleva el nombre de Perro en el coche, junto a las maletas, la consola y una neverita llena de agua y refrescos por si tienen sed.
El aire acondicionado les mueve los cabellos.
Canturrean felices acompañando una canción que suena en la radio y sonríen. Sonríen evitando mirar el retrovisor.
Creen que lo que no ven, no existe.

 
 

9 comentarios:

  1. Excelente, Eva.
    (No hace falta decir nada más)

    Un beso enorme!

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  2. Me ha emocionado... Mi perro, mi Sultán está a mi lado.
    Me das permiso para compartirlo en Facebook?

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    Respuestas
    1. Yo lo he escrito junto a los míos, Trufo y Canela. Gracias por leerlo!, por supuesto que puedes compartirlo.

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  3. Me ha emocionado... Mi perro, mi Sultán está a mi lado.
    Me das permiso para compartirlo en Facebook?

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  4. Hace poco adopté una gato, era el rechazo de una feria de cachorros, nadie lo compró porque estaba enfermo. Tu relato me recordó que siempre habrá quien nos quiera aunque otros nos olviden.
    Feliz noche.

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  5. Quiero quedarme con ese pensamiento, con ese deseo...que siempre haya alguien. Un abrazo Alejandra. Gracias por pasarte!

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