martes, 1 de septiembre de 2015

Óxido en la garganta

Despierta.
El cielo es de hierro. La fuerza magnética de las nubes atrae su frente y sus sienes, convertidas en imanes que atraen el dolor de un día nuevo; un día repetido, otra vez como los otros; idéntico al anterior; igual a los demás.
Nada nuevo. Nadie nuevo.
Cuando la noche se introduce por sus ojos todo vuelve a terminar; a terminar y a empezar.
El cielo es de hierro. El cielo es metálico y frío.
Se lava el pelo y se lo recoge en la nuca sin secarlo, bien pegado al cráneo. La humedad parece aliviar el dolor.

La cera de la vela se derrama sobre la magdalena, y ella no siente, no tiene, deseos para detener la muerte descompuesta de la llama entre las migas.

Es su cumpleaños. Los cumpleaños siguen existiendo aunque nadie los recuerde; aunque el teléfono no suene; aunque el cartero olvide dejar en el buzón las postales que nadie ha recordado enviar con un beso en el sello.
La cera se vuelve sólida. La herida en la magdalena se vuelve sólida, y su voz se le queda atragantada en la garganta. Un pegote sólido que nadie va a escuchar.
No hay sueños para pronunciar en voz bajita. No hay esperanzas para apretar muy fuerte los párpados. No hay hambre para magdalenas de cumpleaños.

La vela es de hierro. La vela es el cielo; incombustible al fuego de los deseos que no se expresan.
Se ríe. A solas. A medias.
Nadie la ve, nadie la escucha tras la cárcel de niebla que tapia la ventana.
Acerca el dedo índice a la llama marchita y permite que la cera envuelva su piel como una crisálida. Piensa en gusanos; nunca en mariposas. Ella no puede volar.

La piel le duele un momento pero no hay lágrimas. El corazón escuece pero el hierro no hace astillas.
Piensa en el año que empieza, en la vela, en el cielo; en nada.
Respira hondo; el primer paso para volver a programarse a sí misma para no salirse de la línea, del sistema que se ha inventado para olvidarse de que sus magdalenas están cubiertas de cera; de que nadie echa de menos su voz.

Se ríe. A solas. A medias.
La risa es de hierro. El sabor de la lengua es de hierro. Le escuece la garganta. Las lágrimas que se traga han ido oxidando sus paredes.
Cumpleaños feliz, canturrea. Feliz...
El sabor es de hierro. Ella es de hierro, y el hierro no hace astillas.

6 comentarios:

  1. Hola!!!! He estado desconectada pero vuelvo a la carga.
    Me ha encantado aunque, uffff, es duro pero muy muy bien descrito. Un besito.

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    1. Hola!! Bienvenida! Muchas gracias por pasarte. Me alegro de que te haya gustado. Yo también estuve desconectada y aún estoy bastante por los peques. Espero pronto volver a la normalidad... Besos!

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  2. Ufff, me encogió el corazón, y pensar que pueda alguien sentir algo así, sentirse tan solo...

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    1. Gracias por leerlo. Es cierto,es duro pensarlo. La soledad, cuando no se elige es muy dura

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  3. Estupenda narrativa Eva, La soledad o el vacío pueden ser muy amargos. Me gustó mucho.
    Abrazo.

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    1. Gracias por pasarte a leerlo. Me alegro de que te guste. Sí,muy,muy amargos. Un abrazo.

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