martes, 4 de febrero de 2014

¿Por qué si pienso en una canción sobre la lluvia sólo se me ocurre... "Qué llueva, qué llueva...?...


Me pregunto por preguntarme algo... o porque me aburro; o porque me aburro y estoy mirando por la ventana, y tras el cristal a parte de un pobre señor que no domina su abrigo y parece una versión "enxebre" de Matrix, lo único que se ve es lluvia, lluvia y más lluvia. Y sí, me digo a mi misma, si  todavía estás en arresto domiciliario con David como compañero de celda porque tenemos más miedo a una nueva bronquiolitis que a ver el extracto de la tarjeta de crédito ( y eso es mucho, mucho miedo, y perdonadme lo fácil del comentario), entonces, qué más da....
Pero si que da, y da mucho, porque no es lo mismo mirar por la ventana y ver un rayito de sol; o descubrir que si apartas la vista de la tele, o de la pared, o de la pantalla del portátil, de repente hay más color en las nubes que las tonalidades que van del gris al negro más negro de las ciclogénesis como la que está llegando... Y es que aún encima está claro que hay una puerta mal cerrada porque no paran de entrar una tras otra, sin esperar casi a que se vaya la anterior.
Luego yendo cualquier día por ahí con el coche (por el Norte, se entiende) veo un cartel de esos que publicitan Galicia como un lugar misterioso que huele a piedra y a lluvia, y dice que el agua es vida o cualquier frase por el estilo... pues me tiene que dar un ataque de risa, o de lágrimas, aunque agua ya tengo bastante, porque el agua será vida... pero esto no lo es...
Día tras día con el mismo paisaje mojado, que si puedes salir de casa las botas de agua se han mimetizado ya con tus piernas y el gorro de lluvia te aplasta tanto el pelo que ya has dejado de peinarte hace más de un mes. Y, si como yo no puedes salir de casa, la factura de la electricidad subirá y subirá y subirá... porque siempre está oscuro y hay que tener la luz encendida, y la tele, y la consola, y el móvil, y cualquier cosa que entretenga a un enanito de 5 meses que no puede salir de casa hasta que mejore el tiempo... a un enanito y a su mamá...
Y, como no hay a dónde quejarse; o no sé a quién hacerlo; al mal karma de los del Norte, a un Dios mitológico; al Dios que conocemos desde siempre, a la Virgen de la Cueva, o la que sea; no sé si en la oficina de correos habrá un apartado especial y recogen las cartas, igual que recogen las de los reyes, pues me ha dado por escribir todo esto mientras intento convencer a David dándole por enésima vez el mismo mordedor del que ya estaba harto que hace 5 minutos o intentando que se aficione a Pocoyó, aunque muchas madres (de sitios con mejor clima, seguro, pondrían el grito en el cielo). Al menos hoy he tenido un poco de tiempo, y he podido crear otro bichillo de los mios, aunque con la que está cayendo, no estaba muy seguro de querer salir del cascarón...

 
 
 
 




No hay comentarios:

Publicar un comentario