lunes, 9 de abril de 2018

El privilegio de que nos amen


Hace 13 años que comenzó una de las amistades más importantes, sinceras y duraderas de mi vida.

En este mundo de locos; en este mundo que vamos enfermando con nuestra presencia cada vez más, empeñados en dejarlo en un coma irreversible e irremediable. En este mundo, donde hace unos días la jirafa se declaró en peligro de extinción y se va el último rinoceronte,  donde la guerra se traga miles de almas como caramelos, donde somos incapaces de resetear, de pedir perdón; en este mundo tengo la suerte, la increíble suerte de ser y haber sido amada por ellos..

No es casualidad; no creo que lo sea; que ellos son los únicos amigos, amigos de verdad, que han resistido a mi lado sin importar tiempo ni espacio; sin importar si estoy más gorda o más flaca; si puedo pagarme un restaurante o un bolso en aquella tienda. Sin importar si estoy más triste o más alegre; sin competitividades ni envidias; sin falsedad. Importando sólo mirarnos a los ojos y en un momento alcanzar ese "clic" en el interior del otro. Un latido. El corazón.

Hace ya 13 años que Trufo, Canela y yo nos conocimos.( Antes de ellos fue Luna, y es justo recordarla y, como la recuerdo  aún cada día y, cederle este paréntesis, aunque ella está presente siempre en mí y en cada palabra de este texto, porque ella fue mi primera vez; mi primera compañera peluda).
Ellos saben cómo soy yo, y yo, cómo son ellos. Sé que Canela me va a dar con la pata hasta que consiga más caricias; que no puedo dejar el cubo de la basura abierto porque hasta una servilleta es un delicioso manjar para ella; que le encanta oler a los niños y que le digan que es muy buena. Sé que a Trufo le dan miedo los ruidos fuertes y escuchar el agua de un grifo abierto; que le chifla el pescado azul y los besos, y que cuando le cortan el pelo tarda semanas en recuperarse del trauma.
Sé, y sé por encima de todo que me quieren, y sé que ellos saben que yo  también los quiero, aunque a veces tarde en darles la comida porque los bebés lloran, o me olvide de volver a meterle las mantitas en las cestas.

Soy una privilegiada. Me quieren y me dejan quererles, y me parece increíble.
Si como aventuraba Darwin, la vida se va adaptando al entorno para seguir adelante, me maravilla que en su código genético, en el de los perros; en el de todos los animales, no haya una advertencia, una señal de alarma; de peligro: "No confíes en los humanos". Me maravilla que, a pesar de todo y de todos, ellos confían una y otra vez.
Se arriesgan, quizás porque su corazón, mucho más evolucionado que el nuestro, haya comprendido ya hace tiempo que amar también es asumir el riesgo.

Siempre he pensado en estar suerte que tengo; en cuánto los quiero; en tantos momentos compartidos. Siempre lo he pensado pero últimamente estos pensamientos vuelven a mi cabeza más y más; en mis insomnios entre biberones; en mis duchas de tres minutos con niños gritando al otro lado de la puerta; mientras tiendo la ropa o veo las noticias.... y sé el motivo. Sé lo que me pasa. Reconozco el sabor en la boca; el eco en mis oídos de otra historia con el color de la luna. 

Tengo miedo. Miedo.
Algo tan simple; tan humano; tan darwiniano.

Las cataratas empañan ya sus miradas y tardan más en terminarse el pienso de grano grande. A Trufo se le ha gastado una de las almohadillas de las patitas y hay que ponerle un líquido especial dos veces al día. A Canela le han salido canas en los bigotes.
El tiempo suma y el miedo crece.
Cuando veo a los bebés acercarse a sus cestas; o a David que desde "su" sofá reclama que Trufo se ponga a su lado. Cuando veo las primeras fotos de Blanca, que ya gasta los ocho, cuando era recién nacida y allí ya estaban ellos; Trufo y Canela.
Tengo miedo.

Para mis hijos Trufo y Canela "son como el sol y la luna. Siempre han estado ahí" , pero algún día, e imagino que ese día no será muy, muy lejano, ya no estarán.
Tengo miedo. Y ese miedo me hace estar alerta y apreciar todavía más la suerte que tengo, que tenemos los que hemos sentido alguna vez el amor de un animal. Un lametón repentino y una nariz fría en la mano. El ruido de unas patitas que, de noche, se cuelan a hurtadillas en la habitación para dormir sobre la bata que he dejado en el suelo. El calorcito junto a las piernas de su cuerpo mientras vemos la tele. Nunca estar y nunca sentirse solo. Hablar con alguien siempre, aunque parezca que hablo sola. Pelotas de tenis que desaparecen misteriosamente o una barra de pan que también desaparece misteriosamente.
Y el amor, claro. El amor siempre.
Siempre sentirse amado, en cualquier lugar y tiempo.
Ellos son y serán un para siempre en mi vida.
Para siempre jamás.




"Son como el sol y la luna. Siempre han estado ahí" es una frase que me encantó de "Arco Iris", de Ricardo Chávez Castañeda, e ilustrado por Cecilia Rébora.










9 comentarios:

  1. Hola, Eva.
    Qué bonito lo que dices y cuánto me recuerda a lo que siento yo por mi perrita. Parece mentira que alguien que no te conoce pueda entenderte tan bien o pase por lo mismo que tú.
    Me emociona lo que he leído, es una preciosidad.
    Un beso enorme

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    1. Hola, Chari.
      Me encanta que te haya emocionado porque conectar con alguien en el amor por los animales es maravilloso; parece que te sientes "menos sola" en el camino tan oscuro de estos miedos.
      Muchos besos para ti y para Fibi.

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  2. No tengo perrito, pero sé que son cariñosos por lo que significan para amistades de mi entorno. No tengo animales en mi casa por que por mi enfermedad de alergias y bronquios me los prohibieron en casa. Pero se que son cariñosos y fieles. Me encanta cómo los quieres y por supuestos la vida de ellos es mas corta y quizás cuando te falten pondrás en tu vida otro nuevo perro seguro. Me ha gustado mucho leer estas reflexiones. Un abrazo.

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    1. Sí, son muy, muy cariñosos Se van haciendo un hueco en tu sofá y en tu vida y al final se vuelven imprescindibles. ¡Muchas gracias por leerme!. Un abrazo.

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  3. Hola.
    Suscribo todas tus palabras. No tengo perros(ahora, de pequeña sí) pero tengo gatos, el mayor tiene quince años y medio, y es mi vida, y los demás igual. Tengo otros animales y los queremos a todos con el alma. Criar a tus hijos con animales es, en mi opinión, muy bueno, los hace sensibles y mejores personas. Mis hijos son capaces de sacrificar lo que sea por ellos, mi hijo ha ido a sus prácticas y a su máster incluso estando enfermo(no nos lo regalan como a otras) y su única falta de asistencia ha sido por acompañar a su gatita al veterinario, teniendo que hacer el doble de trabajo luego y sabiendo que podía llevarla yo sola, y todo les parece poco para ellos...es amor del bueno.
    Besos y espero que Trufo y Canela estén muchos años más en tu vida.

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    1. Hola. ¡Muchas gracias!
      Yo también creo que criar a los niños con animales es muy bueno; buenísimo. Creo que aumenta su sensibilidad; su empatía...
      El otro día mis padres se llevaron un par de días a Trufo y Canela para llevarlos a la peluquería y a una revisión veterinaria (a mí, con la silla gemelar, cuando estoy sola me resulta complicadísimo) y, cuando David se sentó (en su sillón) para ver un rato la tele antes de irse a dormir, y vio que Trufo no estaba se puso a llorar con un disgusto tremendo. De hecho mis padres tuvieron que traerlos nada más salir de la peluquería :).
      Un besito y mil gracias por pasarte.

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  4. Ayyy, mi linda Eva, te eché de menos ayer, hoy y creo que siempre. Casualmente están aquí esas almas cristalinas, sensibles, capaz de lamer letras, de dar cariño y compartir sin prejuicios, me refiero a Chari (felizmente recuperada hace muy poco) Mamen y Gemma, incondicionales, maravillosas. Hablabas de tu Trufo y Canela, y me sentía identificada como una canina. El miedo y el tiempo a veces son descarados y nos están llamando la atención continuamente. Me quedo con esas palabras tuyas "El miedo y el tiempo suma" Y es que nos vamos adaptando a él, nos caen encima los años y a las mujeres a partir de los cincuenta, yo tengo 54, nos cae como agua de cataratas tropicales, imagínate la de Iguazú con esa fuerza sobre tu espalda, los mulos y después ese agua te arruga por que te has sumergido totalmente en ella. No hay más que adaptarse a esa caída, a ese salto del ángel. Adaptarse al tiempo; estoy perdiendo las almohadillas entre las vértebras, me quiebro como el cristal por mi columna y el blanco alumbra mi cabeza, mis cejas...¿sabes? aprendí a verme a través de dos gatitos, mis mascotas, ahora están haciéndole compañía a mi padre nonagenario. Parece increíble que al vivir con ellos me descubrí a mi misma, mi cariño hacia ellos es un reflejo del cariño que tienes al mundo. Y si es así, Eva, nariz de chocolate, reconoces los sabores y los olores de la vida, hay que vivirla con la intensidad del momento, como si se nos acabara...Ay compañera que alegría hablar con nuestras letras. Un abrazo grande

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    1. Releo y he escrito mulos, nooooo, muslos, en que estaría pensando, jajaja, besos

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  5. Yo os echo tanto de menos... Echo de menos vuestras letras, y las mías. Estoy intentando volver, pero volver de verdad, de una manera realista, sin expectativas, sólo intentando conjugar mis deseos con mi realidad. Me encanta encontrarte. Gracias por visitarme, por leerme, y por entender! Un abrazo grande, grande.

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