miércoles, 13 de enero de 2016

Acorralada

He vuelto.
Oigo como la puerta se cierra a mis espaldas.
Mi respiración todavía es entrecortada y me tiemblan las manos.
Mi corazón intenta abrirse paso entre mis costillas, primero. Luego, me parece notar como asciende, tembloroso hasta el final de mi garganta. Quiere huir, como yo. Supongo que el también tuvo miedo.
 
Hoy la batalla ha sido dura. Además han pesado tantos días de tregua. No estaba preparada. Me sentí perdida; desentrenada.
 
Respiro hondo intentando tranquilizarme. El pelo me gotea y los pantalones se me pegan a las piernas.
Me dejo caer sobre la silla y me quito la bota izquierda. Suena como una ventosa enorme al despegarse.
Lo que me imaginaba. Estoy herida.
El dedo meñique está rojo y magullado.
 
Fue mi culpa. Mi culpa.
Intenté cruzar por la zona más peligrosa.
No debí hacerlo.
 
Saco a David de la silla y lo dejo sobre el cambiador. Pañal seco y ropa limpia más unos cuantos mimos por aguantar ser mi compañero de batalla.
La próxima vez lo haré mejor, le digo. No habrá "por favor". No habrá "gracias". No habrá segundos perdidos porque no hay un segundo que perder, le prometo.
 
La mañana pasa volando. Coso unas cosillas pendientes; repasamos los colores y los números... y, de pronto, el reloj señala las 13:30.
 
 
Es la hora, le digo, y lo siento en el carrito.
 
La luz del portal es grisácea. La lluvia cae a mares.
Le doy su peluche y bajo el plástico de la silla. Me subo la cremallera y me ajusto la capucha del abrigo.
Allá voy.
 
Cuando estoy a punto de llegar me detengo un momento.
Recuerda, me digo. No te detengas. No mires atrás.
 
Empuño el manillar de la silla con fuerza hasta que se me quedan blancos los nudillos.
 
Al final de la cuesta ya se distingue un grupo con los paraguas en alto.
A medida que me acerco los paraguas se ven cada vez más grandes, enormes; inmensos. Tanto, que el mío no cabe. Y allá va el primer golpe con el paraguas en la cabeza.
¡Zas!. Se me cae la capucha, y un montón de gotas de agua resbalan por mi cuello. Aturdida retrocedo sin querer y piso a alguien con una de las ruedas. ¡Perdón!, digo, aunque me había prometido no decirlo. Ella nota mi debilidad y aprovecha para ganar más sitio.
Si las miradas matasen yo ya estaría muerta, o quizás lo estoy y esto es el infierno.
No quiero que mis pensamientos divaguen; no puedo distraerme; pero no soy capaz de evitarlo, y me quedo inmóvil imaginándome tirada en el suelo, rodeada por mil zapatos invernales y mojados.
-Coronel, Coronel, no siento las piernas, diría dramática y llorosa, porque estoy tan, tan acorralada como aquel tipo...
 

David llora. Él llora y yo reacciono.
La silla sufre dos empujones.
No. NI UNO MÁS.
No voy a fallarle.
Resoplo.
Camino y camino sin mirar a nada ni a nadie.
Creo que alguien me saluda en medio del griterío pero me da igual.
La lluvia arrecia y yo estoy empapada y congelada.
No importa. Nada importa. Sólo que la puerta está más cerca.
Una patada en el tobillo por detrás y un codazo en un pecho...
Duele, pero he llegado.
Suena el timbre.
Salen los pequeños.
La intensidad de los codazos va en aumento. Me pongo delante de la silla para protegerla.
Nadie mira a nadie a los ojos. Es la guerra.
 
-¡Blaanca!, grito, ¡Blaanca!.
Al fin distingo su impermeable rosa.
No puedo dejar la silla sola y tengo que gritar más. Grito su nombre hasta desgañitarme y, por fin, me ve.
Extiendo la mano, la agarro con fuerza y la atraigo hacia mí.
Un beso.
Salgamos de aquí.
Cuando consigo llegar al final de la acera suspiro. Me tiembla todo el cuerpo y estoy agotada.
 
Vámonos a casa, les digo. Hoy nos merecemos unas croquetas.
 
 
 
 
(Quiero decir que estos acontecimientos son absolutamente reales.  Un día de lluvia cualquiera recoger a la niña sirena del colegio es una auténtica, auténtica batalla.)

19 comentarios:

  1. ¡Dios mío cómo está el "campo de batalla"! Según iba leyendo estaba ya pensando en lo peor además con ese título del inicio "Acorralada" ya podía esperar cualquier desgracia, pero menos mal que a pesar de todo LLEGASTE SANA Y SALVA CON TUS PEQUES TAMBIÉN A SALVO!!!
    Solo me cabe decir que tendrás que comprarte un impermeable con una super capucha para evitar esos "choques" de paraguas que son inevitables cuando hay salida de niños de colegio y encima lloviendo o si tienes carnet de conducir irlos a buscar con el coche.
    Besitos y suerte para otra vez!!!

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    1. Lo del impermeable es algo que estoy barajando muy en serio... :)).
      Gracias! Muchos besos!

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  2. ¿Pero tú a qué colegio vas a buscar a la niña? Me ha recordado a un concire¡¡erto de Isabel Pantoja de hace años al que obligué a ir a mi marido(y aún me echa en cara) y las señoras se volvían locas y se apoyaban en el para saltar y verla mejor, yo me tronchaba pero él temía por su vida,jajajaja.
    Ahora en serio, qué rabia que no tengan un poco de cuidado cuando llevas a un niño pequeño en el carrito, qué pronto olvidan porque no creo yo que sus hijos nacieran caminando y yendo al cole.
    Un besín y aunque son unas cafres he disfrutado porque lo describes muy bien.

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    1. Uy, peor debió ser lo del concierto..., aunque yo también temí un poquito por mi vida... Tengo que entrenarme y ser un poquito más "dura".
      Gracias!. Besitos!

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  3. Pues si que has vivido una aventura para ir al colegio a buscar a tu niña jajjaja había tanta gente en la calle con tanta lluvia? De una experiencia se saca un relato ¡Muy bueno! Saludos

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    1. Había mucha, mucha gente! Horrible! Aunque ahora me da un poco la risa con mi dramatismo... pero ayer cuando llegué a casa estaba a punto de explotar!. Gracias por pasarte! Un saludo!

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  4. ¡¡Menuda batalla, Eva!! Y lo más impactante es que nos adviertes de que es real. Pufff espero que no haya muchos días de lluvia a la hora de la salida de los peques o tendrás que buscarte guardaespaldas que te allanen el camino. Tremenda experiencia, aunque como relato ha quedado de lo más original. Queda mal si digo que me ha gustado? :D

    Un beso!!

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    1. Sí, sí, totalmente real. Yo ya estoy haciéndome con un equipo: botas de agua, impermeable... y ese día llegaré de primera para coger sitio.... Aunque, lo del guardaespaldas no suena mal ;)
      Un beso!
      (Y me encanta que te haya gustado)

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  5. ¡¡Madre mía!! Es tremendo que sea algo real. Pensaba que nos ibas a contar la lucha con las abuelas el día de la cabalgata de los Reyes Magos, que es tan terrible como tu pelea. También te sientes acorralada y, si te descuidas, te atizan una buena para coger un miserable caramelo.
    Un consejillo, en vez de paraguas lleva impermeable... y un bate de béisbol, jeje.
    Me ha encantado tu relato, está genial y has conseguido mantener todo el tiempo la tensión, te ha quedado estupendo.
    Mil besos

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    1. Pues sí, totalmente real. Y lo de los caramelos y la cabalgata... también lo he vivido. Y es verdad... tengo que equiparme mejor (incluido el bate de béisbol)
      Me alegro mucho, mucho de que te haya gustado :). Otros mil besos!

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  6. ¡Vaya batalla! Cuando el día se complica parece que no vaya a terminar nunca los "problemas". Estos contratiempos siempre acaban agotando de una manera u otra. Suerte que después vuelve la calma.
    Precioso tu relato Eva.
    Muchos besos.

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    1. Sí, hay días que parecen interminables y que un desastre llama a otro... Luego, en casa, nos secamos y nos comimos unas croquetas riquísimas!, así que sí, volvió la calma.
      Muchas gracias, Mila. Muchos, muchos besos!

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  7. El desenlace de este relato es sorprendente, no es una colegiala normal, es una niña sirena, la que recogen del colegio. Pero justo en este dia se desata una lluvia torrencial, y esta tarea se complica. Muy surrealista relato. Felicitaciones!

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    1. Ese día fue bastante surrealista, es verdad. Muchas gracias por leerme!!

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  9. hola Eva pásate por mi blog te he nominado para el PREMIO BEST BLOG. Un abrazo

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    1. Gracias, gracias,gracias!Me paso, por supuesto! Un abrazo!

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  10. Me encantó tu relato! Muy gráfico de los días de lluvia!
    Yo me estoy iniciando en el mundo este de los blogs y encontrarme con algunos tan buenos como el tuyo me anima a seguir en este mundillo! un saludo

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    1. Ay! Muchas gracias! Qué bien que empieces!. Un saludo!

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